Un capricho

Autor:  Juan Ángel Torres Rechy
             Xalapa – México

Un capricho

 

A Goya

Ahora entiendo. Llegó el caer en la cuenta como un relámpago en la mitad de la noche. Se hizo la luz en mi cabeza.

      Todo sucedió sin advertirlo. Me sorprendió caminando por la calle Toro. Con los ojos de mi mente miré los torneados brazos de una dama de abrigo negro. Esos brazos que no vi con los ojos físicos, seguramente eran como los de las jóvenes que posan con vestidos sin mangas. Parecidos en su firmeza a la tensión de los cables que antes llevaban la luz eléctrica; parecidos en su impresión estética a la recostada línea del horizonte.

      No solo con la disciplina y el cuidado de los ejercicios gimnásticos se consigue tal resultado. Ya veo que no. Hay un elemento más, casi algebraico. Casi puesto por descuido del azar. Las bolsas del shopping. La dama de abrigo negro llevaba tres o cuatro.

No quiero aventurar el peso… Quizá el conjunto multiplicaba unos cuatro kilos o así. Si a este peso le sumamos los metros recorridos desde el punto de partida hasta el punto de llegada, a nadie le resultará extraño, pienso, reconocer que hablamos de un entrenamiento en condiciones. Dejando de lado, por el momento, la desarrollada habilidad del equilibrio si la dama lleva tacones. No recuerdo si ella los llevaba.

      El caso puede convertirse en una obra de arte si nada perturba su rostro. Si logra mantener en una armónica disposición la semiótica de sus labios y ojos. De sus cejas. Si la viruta de polvo no se mueve de su sitio debido a ninguna distorsión de la comisura de sus labios, del discreto cerrar el ojo por el esfuerzo, del arqueo de la ceja cuando comienzan a doler los pies y todavía falta un tramo. En realidad, no sé si esto resulte posible. No sé si pueda dejar de expresar, por la mínima ranura, la fuerza motriz empleada.

Como los tesoros de inestimable valor, albergaré en mi seno la esperanza de encontrar a la dama de gesticulación impoluta ―con brazos corriosos y buenos pulmones―. Entonces, cuando la encuentre, solo y nada más que con ella, disculparé el perjuicio a la billetera que patrocina sus recaudos.

 

 

Revista Dúnamis   Año 10   Número 13   Abril 2016
                                   Páginas 15-16

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