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Considerando a Quejas

Autor:  Felix Llatas
             Cutervo – Perú

QUE LA PALABRA
.         A
.            BRA:
ABRACADABRA.

CONSIDERANDO A QUEJAS

Ni por pienso, la verdad no es redonda
Donde no estoy, estoy, ocupo dos sitios
A un tiempo
Dos veces me baño en el mismo río
Soy bastante de antaño, y a hondas:
¡Ni por pienso!

Si digo que la distancia más corta entre dos puntos es un punto, el cual es padre e hijo, y es espíritu; y este, a su vez, es centro y vértice, se abre al instante una brecha tamaña de un asno.

En efecto, la verdad no es redonda. Es una curva flexible de agujeros lunados y de amebas de paso. Tiene los recovecos de una oreja chismosa, una mano sin dedos y un guante en la otra.

Digo lo que digo; y si agua rosa
No vuelve al hombro diestro el Glauco Brillo
Ni el ala de Mercurio a mi tobillo
Si to lo que se va ya no retorna
Me iré como un rapaz de poca monta
Que atado a un tronco seco arde vivo.

Digo que la verdad no es redonda. Ni por asomo. Una rémora hipócrita y una amante cualquiera, es ella. Tiene las caderas secas y es blanda y parapléjica. Siempre oculta en el cesto, bajo brusca arpillera, el arpa de su sexo y el alma en pena.

                                

Revista Dúnamis   Año 10   Número 14   Octubre 2016
                                   Páginas 26-27

Circunscripción

Autor:  Felix Llatas
             Cutervo – Perú

CIRCUNSCRIPCIÓN

MADRE;

De tu cariño sírvenos en partes iguales
Echa el vino en las copas en sabias proporciones
Porque hay monstruos durmiendo debajo de la mesa.

Pon cuidado en tus pasos cuando entras y sales
Porque hay fieras que acechan en oscuros rincones
¡Oh, madre dolorosa!, eleva ruegos, reza…

Eterna de tus clavos; de tus ¡hijos!, esclava
Tu castigo es tu fe…; y tu amor no te salva
Ea tus siete gajos, pecados capitales.

                                    II

Atiza el hondo, espeso, el hosco sorbo hirsuto
Escampa el llanto amargo y torna en blanco el luto
Y cloca; ¡oh, mare mía!, con los brazos en jarra
Chochísima querida, de tus nietos, hermana.

JOSÉ JESÚS: ¡PRESENTE!
SIEMPRE.

                                

Revista Dúnamis   Año 10   Número 13   Abril 2016
                                   Página 36

El Hombre Órgano

Autor:  Felix Llatas
             Cutervo – Perú

EL HOMBRE ÓRGANO

Una corbata roja con brazos y piernas
Que cuelga de la boca y camina altanera
Así es el hombre, a veces;
Un ojo sin orlas, en vez de cabeza
Pegado a una cola de culebra
Feliz, como en el mar los peces;
Una nariz tucana en el abrevadero
A la bélica espera de una cabra en luna
Bramando y hollando el pasto tierno;
Una oreja vacuna donde muge el viento
Y donde se oculta como una tortuga
El alma oruga de ese niño viejo;
Así es el hombre, apasionado, amante…
Es una mano enorme de calamar gigante
Que todo lo embolsa y se torna un abismo
Y es todo capricho y solo capricho.

 

Declamado por Giann-Poe: https://www.spreaker.com/user/8360404/el-hombre-organo

                                

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12   Febrero 2016
                                   Página 36

El Cacto

 

EL CACTO

Para Valeria Urrutia,
(Q. E. P. D.).

     Veníamos conociéndonos más o menos desde la primera semana de marzo, poco a poco, como ella misma se había encargado de recomendármelo. Todos los días menos los lunes, alrededor de las cinco y media de la tarde, sofrenaba el sedán al pie de su departamento y echábamos a rodar un cuarto de hora por el gastado y grasiento asfalto. Lo mío era dejarla en el taller y regresar por ella un par de horas después de la medianoche. Aquella tarde, me equivoqué ex profeso y visité su casa. Pero si hoy es lunes, me dijo. Igual nos fuimos a otra parte.

*****

     Orejas nobles, las de ella. Le susurraba cosquillas al oído y su boca partía una sonrisa fresca. Parecía no darse cuenta de nada. Se había abandonado entre mis brazos blandamente y paseaba los ojos por el cielo raso, lascivamente frívola. De cuando en cuando su corazón pegaba un salto, y era como si un cadáver, desesperado, tocara de pronto el ataúd. Tuve que aferrarme a sus hombros para no caer… Cuando terminé de hacerle el amor, ya estaba muerta.

     Hubiera querido opacarme en anteojos negros y desaparecer. Gratitud me detuvo. Quedé plantado, tendido junto al amado hielo, quemándome, volviendo una y otra vez sobre los hechos. Una noche febril deja muchas huellas: prendas desgarradas, zapatos volcados, aretes en estado de orfandad…

     A pesar de mis dudas, decidí ׳denunciar׳ lo sucedido, fingiría ser otra persona. Alguien debió de haber avisado ya a la policía. Respiré con alivio y colgué el teléfono. Al poco rato se estacionó frente a mi casa un auto. Era curioso, sería cosa de nueve o diez de la mañana y los faroles de la calle seguían encendidos. Salí al encuentro de mi arresto casi contento, dispuesto a dejarme llevar sin pronunciar ni pizca. Pero antes de irme dejé abierta la ventana de mi cuarto. Que el Sol se encargue de ventilar la alcoba, me dije, y cerré la puerta con tres vueltas de llave. Durante cuatro meses resistí en silencio, y en el trayecto las especulaciones me dejaron sin piso, oscilando como un fantasma en los interrogatorios. Mi mutismo acabó esta mañana.

     Hay en algunas prenderías unos cofrecillos de madera — pequeños, escurridizos, aparentemente frágiles —. Si el comprador es un pazguato y se llena de asombro, al menor contacto con las manos de este parece que se rajan. En cambio, si uno sabe que no todas las cosas se abren con la yema de los dedos, una palmada basta para accionar la clave y estas alhajeras levantan sus tapas como en un abrazo. Valeria me recordaba mucho a una de estas joyas. Apenas rocé el pabellón de sus orejas con mis dedos, enloqueció. Alegres campanillas repiqueteaban, agitadas por el soplo más leve. Y a medida que mi gusto por ellas aumentaba, se volvían cada vez más exigentes. Si acaso, por tomar un bocado de aire, separaba mis mandíbulas de felino y soltaba mi presa por un instante, ella me sujetaba de la coronilla con ambas manos, incitándome a volver contra la oreja que hacía un tanto mordisqueaba.

     Creo que sus orejas se disolvieron en mi boca; como si hubiera, en exceso de fe, comulgado dos veces. ¡Ja!, con este aire que se estanca en la sala y que parece pimienta, uno ya ni sabe por dónde ir. Esta mañana mientras me baldeaban como a un caballo, me decía entre mí: Cantaré hoy como un jilguero. Demasiada confianza deposité en mi lengua; no bien dejé el banquillo y estiré las piernas, se me borró la cinta y perdí el ovillo de lo que iba a decir.

     He llegado tal vez a idealizarla un poco. Ni la travesura más fina ya no podrá alegrar mi corazón jamás. Al descorrer las cortinas, y al verla entre las sábanas, apagada y sin fuente, sentí tamaña pena que de un puñete hice saltar en añicos el espejo del armario. Destrocé todo cuanto en mi mano cupo. Me sentía un desgraciado, un imbécil parado frente a un árbol caído. ¡Valeria!, le dije, ¡ven aquí!, y dando tumbos me acerqué a la cama y con la ira del que pierde un ser querido apretujé su cabeza contra mi pecho y lloré en silencio. ¡Pero basta!; acabemos con esto de una buena vez.

     De nada serviría defenderme; tengo el pecho poroso y todo lo que digo choca en bruñidas superficies y vuelve a mí. ¿A qué alga o musgo debe aferrarse uno, cuando el agua le supera las comisuras de la boca y la marea sube? Barrotes de mi celda, cerco frío, no se ensañen conmigo ni me compadezcan. Busqué en la aurora una gota de placer, y tuve la fortuna de encontrarla, exultante y pletórica en extremo… Señoras y señores del jurado, cumplí con el deber de un hombre, la mujer que derramó en mi copa el vino aquella noche debía llegar a su destino. Muchos caminos por andar… Ella se fue en carroza de oro al otro mundo; yo me quedé con el recuerdo de este viaje, tesoro, o vidrio, que todo el tiempo me atormenta; mas a su vez, refugio.

     Mañana el sol saldrá a la misma hora, y traerá noticias. Los periódicos, que todo lo exageran, halarán de los párpados al pobre transeúnte igual que a un besugo, depositándolo delicadamente delante de su quiosco preferido. En estos tendederos de ropa sucia, mientras unos deshojan los diarios subrepticiamente, otros, sueltan una moneda sobre el mostrador; todos contemplan boquiabiertos la fotografía del monstruo, capturada por la cámara de un fotógrafo agudo, justo cuando el monstruo bostezaba. Este oscuro personaje — La estampa muestra una imagen en blanco y negro y, vista al través de una serie de redes superpuestas, es la radiografía de una fiera corrupia—. Este oscuro… ocupa casi toda la primera plana de todos los diarios. Y debajo, adiposas letras del tamaño del ojo hacen tambalear al lector:

     “CONDENAN A TAXISTA QUE HACÍA ANTICUCHOS CON LAS OREJAS DE SUS VÍCTIMAS”.

 

 

                          Felix Llatas
                       Cutervo – Perú

                     
                                               

Revista Dúnamis   Año 10   Número 11    Enero 2016
                                   Página 34-36

Profecía & Par Ordenado

 

PROFECÍA

El bisabuelo fue un abuelo sabio
El abuelo, un padre anciano
Y el padre, un excelente hijo;

De repente un Buendía
Hijo que fue nieto de primera mano
Trajo consigo a un bizantino;

Este, a su vez, descendió otro peldaño
Y el cuarto palmo, para cumplir la profecía
Puso donde la trompa del oso se extasía:

El diáfano cadáver del nieto 5to: un bicho.

Y ahora,

PAR ORDENADO

( Se ha colgado al amor de las orejas
Como a un suave conejo blanco;
Se le ha colgado en la pared, de un clavo
Repletado de las cosas diarias ).

 

 

                          Felix Llatas
                       Cutervo – Perú

                     
                                               

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9    Octubre 2015
                                   Página 32

Poema Primo

 

 

POEMA PRIMO

Hube de bibir
Con ube larga
Amarga, cómo no
Escribir por escribir
A lo que salga

Escribir, verbigracia:
Efe sin fe
O fe sin efe
Deglutir al revés
En una lata

O esgrimir, con la yema
De tu lápiz:
¡Qué ápice!
Arrimar cuatro rimas
Y encimarlas

Si se va uno a sentar
Encima de sus propios calcañares
Completamente rojo-anaranjado de horizonte
¡Hete ahí!

                                

                          Felix Llatas
                       Cutervo – Perú

                                

Revista Dúnamis   Año 9   Número 8    Setiembre 2015
                                   Página 28

 

De-lirios y Claveles

 

De‐lirios y claveles

Audaz mochica, a bestia en su feroz totora
Su corazón    desea salir    y enardecer su sed
Con un trago de sal.
El Sol, como un sombrero en su cabeza, le da antorcha.
– ¡Hola!, ¡hola!…,
Las olas coquetean con él.

Montado en una cumbre, otro hombre
Poncho de nieve al viento y al galope
– ¡Eco!, ¡eco!…,
Va gritando a voz en cuello.
Y en el monte se destapan los peroles
Qué animal su corazón  qué tolondrón.

Estos dos hombres son  tal vez el mismo loco
Que anduvo por los mares  y por la cordillera
O quién sabe soy yo  de nuevo hablando solo
Cantando ante un espejo, para estas dos orejas.

                                

                          Felix Llatas
                       Cutervo – Perú


                                

Revista Dúnamis   Año 9   Número 7    Agosto 2015
                                    Página 30