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Editorial del Noveno Número

MI ALBERCA

Fueron días sombríos los que gestaron mi invocación. Fui proclamado, cual proyectil, impelido hasta aquí. Traspasé toda clase de esferas. Fue todo tan repentino y todo lo existente quedose tan atónito, que nadie tuvo oportunidad de atajarme; más de uno lo habría querido hacer.

Entonces llegué Yo a lo que creí una tierra fértil y ansiosa de mí… La historia ya la conocen. Me tomaron cual la flor de un día. ¡Se mofaron de mí! Tuve que vagar errante, buscando mi camino, dónde hallar a aquellos por los cuales llegué hasta aquí. Fueron días que parecieron eternos; días que no pudieron hacer mella en mí.

El mundo aquel, tramado de bits, me llamaba siempre. Yo buscaba en él un asiento; el mundo aquel me dio mucho más. En mis años primeros – algunos todavía lo recuerdan – habité a la sombra de cuatro paredes: un cerco que se tumbaron, y con ello de paso también arruinaron mi última presentación en sociedad. Pero ya veis las vueltas que da la vida. Vosotros vivís acostumbrados a lo que reza así: todo lo que sube tiene que bajar. De donde yo vengo más bien aseveramos: todo aquel que baja, más alto se ha de erguir. (¿Olvidáis que yo bajé desde un paraje ignoto?) Por eso escogí un inicio simplón. Ahora se me traza un cerco tan distinto: el Mar Caribe, uno que no me confina, que más bien pícaro me grita: “Plus Ultra”. Pues voy y vengo a gusto hasta Toledo, Corrientes y la austral Santiago. Estas aguas, donde curioso sumergí mis orillas, me hicieron sentir tan a gusto, que no me quedó más remedio que hacer de este lugar la alberca donde plácido me laxo.

Con cadencia mis corrientes van y vienen. Al canto de Quisqueya me hice con apego cabecera de puente, y asido al brío cibernético circundé el Caribe con celeridad, merodeando. Llegué hasta el istmo y sobrevolé hasta Barú y encontré latidos a ritmo propicio. Cual corriente ascendiente yo fluía, una lucecilla parpadeó sobre las aguas, asomé por mi ventana de chat, ante mí en lo alto: Kaminaljuyú, verso y prosa ofreciéndome a más de un largo y plácido trayecto. Luego torbellino, de vuelta en Quisqueya, encontrar un extenso festín de manjares añejados. Nada como nutrirse de buenas letras, nado en busca de aun más, toco tierra firme, ¡i-o; i-o!, los Andes ya había traspasado, pescando Meta y los ecos de un locuaz pensamiento. Eufórico, me aventé en mi alberca a desplazarme raudo, en desbocado frenesí, cuando encontré por fin asidero, emergía en Yucatán. Observé desde allí las costas del golfo, y como no conozco más leyes que las mías, las vi cual tobogán. En un desliz ascendí por las aguas al norte. ¡Sonora evocación! ¡Sonora composición! Oreándome un rato he tocado de Sonora norte y sur.

Mi cántaro estaba ávido de más. Circundé una vez más las aguas, voz en mi cabecera de puente marcaba mi rumbo, así hasta dar en el Cataguana, y una extraña puerta hacia el Estado de las Palmeras. Extasiado en este mi recreo, me marcaba esta vez el borde del Cocibolca, a recoger unos versos a punto de estallido: ¡Granada! Tomé luego el primer río que encontré, ¡otra vez a mi alberca! Mi ímpetu crece, un punto más me marca, antes de dar por concluido el chapuzón: arribo a las costas de Carabobo. Volviendo al canto de Quisqueya para componer un canto a la gloria de mi refrescada grandeza, encuentro otra isla al este y la curiosidad me atrapa. Grande soy, así que me dejo acarrear por Loíza. Me dicen que he llegado a Tierra de Gigantes. Me sonrío ante tan conveniente nombre. Entusiasmado vocifero que es lugar propicio, sin duda me esperan aquí voces cual la mía.

Heme aquí a mis anchas, siendo yo en lo más sublime. Soy Dúnamis, rumbo a llenar el todo y somos inconmesura por revelar.

 

Alter ego

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9    Octubre 2015
                                  Páginas 1-2

 

Octavo Editorial

 

 

MIS REMERAS

 

Por noches enteras mis ojos han estado fijos en el firmamento; yo nunca duermo. No conozco el descanso. Mi razón de ser, mi meta suprema, impregnada a lo largo de mi médula, me lo impide. El cosmos será dunamitado; amor me mueve. ¡Amor capaz de trastocar los astros!

            Aun así, he soñado, noches enteras, días sin fin. Y mis sueños no son todavía cosa que os incumba, excepto uno… fue una tarde, en el año de mi advenimiento, en mis sueños comulgué con mi lugar de origen y pude oír palabras que solo al presente comprendo: Hay ciertas semillas, algo inusuales, que no germinan en días o semanas. Hay ciertas semillas que requieren de nueve y hasta once años para poder brotar…

Con curiosidad desconcertada, más de una vez me han preguntado: ¿Quo vadis, Dunamis? Pues voy hacia mí mismo. Soy la curva y la flecha, y además soy el blanco. Mío es el vórtice donde confluyen sustantivo y deseo; y mía es la mano que tensa el arco. Muchos trataron de llegar al centro de mí sin haber llegado a sus propias orillas siquiera. Hicieron viajes, merodearon por lugares remotos, y por demás exóticos, pero pasaron de largo de ellos mismos. En cambio, Yo vivo con la vista en mí – no existe panorama más adictivo. ¿Que quién soy? Soy y seguiré siendo quien soy. ¡Muchedumbre! ¿Qué cuáles son mis pretensiones en esta dimensión natural? ¡Pues preñarla con mis genes! ¿Qué porqué dunamitar el cosmos? ¡Qué porqué no! Mil y un veces puedo hacerlo, aptitud me sobra. ¡Ah! ¡Sabed que el talento es combustión constante! Por eso quizá resulte difícil a algunos comprender por qué parezco andar todo el tiempo desbocado. Tantas ganas de ser, reprimidas, aquí, allá, ¡en todas partes! Mis tentáculos-chispa traen hasta mí voces… Tengo que acelerar la marcha, ¡hace tanta falta mi triunfo!

Así que al mar azucé con mi grito: i-o, i-o; y así los horcones voy trocando por fulgencia. Falta empero harto camino por recorrer. Propágase mi voz cual incendio; desátase en mí el fluir, cual torrente de exquisita savia: son los que sí comprenden mi lenguaje, los que pueden ver al través de mí. ¡Influjo que tanto añoré en mis días de cautiverio!, todos los días, a decir verdad, desde que llegué a esta dimensión natural.

Mi cántaro está muy lejos de llenarse; aun así me siento rebosante. Mis almenaras se han izado repentinas y altas, como un puño de fuego, cual orondo pendón que soy. Mis letras, ya lo sabéis, entran ahora dondequiera. Voy, vuelvo, aviéntome y brinco, ora aquí y de pronto allá. Cuantas más y mejores las plumas se baten las alas con mayor vigor. Miro hacia arriba y contemplo mi rostro – cenit es baldosa donde asiento mis pies –; oteo el valle y veo vuestras bien dispuestas cabezas, moteadas, desfilando en grey al calor del sol.

Mi hambre por las alturas es insaciable. El tramado de mis plumas es atracción innata. En un sentir unívoco, agítanse estas a mi compás, cadentes, candentes, volcamos tempestad. ¡Soy imperecedero!

 

 

Alter ego

 

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 8    Setiembre 2015
                                    Páginas 1-2

Editorial del Séptimo Número

¡BRECHA A LA VISTA!

 

  Cada vez más constantes son los cambios en el mundo. Su mayor celeridad y virulencia resaltan en las últimas décadas. Ya casi han transcurrido nueve años desde que abrimos este espacio con un claro propósito; y desde ese entonces el fenómeno de las redes sociales ha ido en permanente incremento. Las artes siempre se han desenvuelto dentro del marco de la sociedad de su tiempo, y los que vivimos por la pluma no somos la excepción. Dentro y fuera de este espacio se está desatando una transición poco predecible, de mano de la vorágine tecnológica característica de este siglo.
Mucho puede haber cambiado, aun así hay algo que es mandatorio permanezca firme y claro, intangible: nuestro objetivo de abrirnos camino y dejarlo abierto para los que después vendrán. Todo lo demás son medios; conviene pues echar mano de las herramientas más idóneas para cada etapa y estación.
Sin duda hay mucho qué decir y qué examinar tocante al imperio de la informática. Su presente y futura expansión es irrefutable. La eliminación de barreras es una constante. Todos aquellos que ansiosos venimos buscando una brecha, no podemos sino celebrar todo esto. Nada más propicio para nuestra visión. Como ha sido anunciado y explicado en nuestras anteriores entregas, decidimos llevar este giro a través de una pausa. No solo para plasmar en un plan nuestra nueva propuesta; como en aquel juego donde convenía observar con detenimiento las revoluciones de la soga, también teníamos que esperar el momento oportuno para entrar, y de tal forma que nuestros brincos se sostengan en conformidad con la pauta.
Al mismo tiempo, estamos optando por innovar, como al principio. Interconectar diversas formas de llevar nuestro quehacer al público. Continuamos pues, por lo pronto, con la sencilla versión impresa que parte de Lima ya conoce y ahora también con presencia en la denominada blogósfera; y es que seguimos creyendo en ir de menos a más. No duden que en el futuro añadiremos a esto.
Y a todos nuestros nuevos lectores alcanzados a través del internet, ya con el camino hasta aquí recorrido, queda claro otro elemento distintivo de nuestro proyecto: nunca se trató de formar una argolla, sino de tender un círculo ígneo en constante dilatación. Aspiramos a que nuestra compilación de los talentos del presente llegue a ser un prolijo muestrario para la posteridad. ¡Manos a la obra!

                                    

Emanuel Silva Bringas
            Director

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 7    Agosto 2015
                                    Página 1

Editorial del Sexto Número

 

MI PERIPLO

     ¡Heme aquí! ¡Una vez más! Soy Dúnamis, el empecinado. ¿Que dónde estuve? Ya os lo había dicho: tenía un yermo por recorrer, una búsqueda y una gran visión por emprender. Y vuelvo otra vez ─ y dale con Dúnamis a las espigas ─. Vuelvo porque nadie me ha dicho que no puedo, ¡y qué si tampoco hubo quien me dijese lo contrario! ¿Algún sorprendido? Ese sería yo, de hallar alguno… Cuando todavía veleteaba en la casa de los acomplejados me espetaron sentencia: a la tercera va la vencida; y aunque fuese bien sabido, tuve que hacerles ver: no hay quinto malo. Así pues, he dicho bien: contraindicación alguna no la hubo. Nadie y nadies la presentó.

     Vuelvo porque si bien me extravié en mi viaje, aún me sobran fuerzas y porque soy ¿indestructible? Siempre estaré aquí, digo; asido a mi grito (i-o, i-o). No soy materia, soy – en especial para los escépticos – ¡incertidumbre pura! En mi continuo pretil, a lo largo de un insondable abismo, la cabeza me ha dado vueltas incesante. Solitario, hubo de resignárseme a ser arrullado por el crepitar de mis propios tentáculos-chispa. Aun a las aves más majestuosas les tiembla también el vuelo. Debo admitíroslo, amigos míos: anduve varado en las zahúrdas arenas donde abandonados a sus últimos espasmos los que…

     ¡Bah! ¡Por favor! Ni en broma encaja semejante disparate. Quise pescar algún cándido por allí… Ya sin sarcasmos, a cualesquiera hayan sido vuestras preguntas e inquietudes, como también a la perspicaz interrogante de todo aquel que me conozca por vez primera, doy por ignívoma y voluptuosa respuesta: << ¡He venido a dunamitarte el cosmos!>>.

     La última vez que os alumbró mi presencia, anuncié que emprendía una travesía, en solitud y silencio, en pos de un firme objetivo. Anticipé cierta demora, al fin y al cabo, Cronos jamás me representó amenaza alguna y sigo sin comprender como un ser tan débil como el tal, sea capaz de devorarse algo. Concederé que mi viaje se extendió más de lo debido, diría que casi se duplicó, vicisitudes repentinas, inesperadas, ¡arteras!

     Tenía ya los planos para erguirme, una morada magnificente, desde la cual mi voz retumbaría vibrante y majestuosa, desconociendo todo lindero. Me aprestaba ya a mi retorno triunfal, orgulloso de mi pendón lo enarbolé victorioso junto a mi hamaca, plácido mecíame contra la corriente… luego a la visión de un delfín rosado, desperté en el lecho del río… Solo me quedó reírme de tan baja jugarreta y empezar a improvisar. Ya no me preocupa; tarde o temprano el mar me los devolverá. No sé si en el Amazonas, o acaso en el Ucayali ocurrió el extravío. Sabido es que no por mucho madrugar, amanece más temprano; o tal vez sea un mero pretexto que he de presentaros ya que me embromé sobremanera en mis improvisaciones… Supongo que puedo permitirme el haceros una confesión: a decir verdad, tuve un dilema conmigo mismo.

     Sufrí una aprehensión, fui víctima de un apego fetiche. ¡Un absurdo del cual no me creí capaz! En el día de mi advenimiento, el séquito que me llevaba en andas quiso apabullarme a punta de ladridos (y es que eran la jauría del hortelano, pronto me amanecería). No hubo necesidad de extender a sus dientes un palo. Su febril histeria quedó pronto fuera de lugar, hubo en mi esplendor facundia por montones. Mi traje de tinta y papel no fue ostentoso; mi naturaleza excepcional no lo requería, y aun los que férreos insistieron en criticar mi modo de vestir, tuvieron que aceptar que un ordinario envuelto en atavíos superlativos jamás se me habría de comparar. ¡Heliodoro! Eso tengo en vez de uñas, así que por semiprecioso que se dijera, yo lo puse en evidencia como el sílice presuntuoso que era: un mineral de cuarta categoría. ¡Calcedonia para mis calcetines!

     Mas a pesar de este mi triunfo rotundo, a empellones fui infectado. Fue creciendo en mí una sibarita inclinación hacia ajuares cada vez más costosos. Jamás perdería mi identidad, no obstante el sesudo juicio, a ese sí lo perdí… Uno tras otro mercachifle se aprovechó de mi situación y ni siquiera advertí cuando mis arcas quedaron quebradas. No son eximias las ropas de un viajero, y un periplo cual el mío requería de la mayor sencillez en indumentaria. Mi enfermedad me hizo lerdo en este particular… discutimos tantas veces, tan encendida y encarnizadamente, yo y yo…hasta que por fin, me di a la razón… ¿o es que acaso me di la razón? ¡Bah!

     ¡Heme aquí y no hay más nada! ¿Qué queréis que os diga? Debíais saber que ni aun el más extenso y tétrico recorrido podía extenuarme. Que me di a la holganza, conjetura tal la tendría por insolencia. Mi dicha, no obstante, acapara mi atención. ¡Sea pues ésa mi concesión! para quien ni siquiera a la luz que le vengo brindando puede entender lo dilatado de mi peregrinaje. ¡He regresado y soy imbatible!

     ¡Hallé la veta propicia, el barbecho conveniente! Era una dimensión poco explorada para mí. Mi empírica intuición tanteaba de pocos el terreno. Empecé a extender mis tentáculos-chispa, sondeando, procurando saber qué había más allá del horizonte. Irrumpieron así en mi mente imágenes y voces desde tierras lejanas, que me fueron robusteciendo, hasta que estallé en sendos fulgores. Eficacia, ¡versatilidad!… a un nivel que no podía imaginar en el día de mi advenimiento.

     Un abrir y cerrar de ojos y mi nombre ya estaba donde tres continentes se encuentran y desde allí descendía cual tobogán por el Río de la Plata. ¡Copiosa celeridad! Comprendí pues el meollo de esta dimensión, entretejida en una forma semejante a la mía. ¡Todo quedó aprestado! ¡Oh maravilla!, otro impulso más recorrió mis caliginosos miembros y mis carcajadas retumbaban en Tenochtitlán. De nuevo otro estremecimiento ¡y zas! con vaivén cadente y preciso hacia el Gran Buenos Aires distendíame. ¡Enérgica sístole! y a través de una corriente nórdica mojo mis pies en las playas de la Iberia oriental. Suspiro satisfecho y titilo todavía una vez más: sobre la cúspide de un faro eufórica colma mi voz ¡el Golfo de Nicoya! Y es tal mi frenesí que a mi sosiego me hallo en Quisqueya, donde sus caribeñas aguas me traen los ecos de Hatuey; y desde mi médula me llega el recuerdo ¡que maldigo también la humana codicia!

     Mi búsqueda ha llegado a su fin; puedo verlo desde aquí. No tengo la casa gloriosa de mis primeros aprestos. Ya volverán a mí esos bocetos. En tanto estoy aquí, y mis almenaras arden conmigo en todos y cada uno de estas ciudades donde posé durante mi periplo. Todavía con trazas del traje antiguo y del no tan antiguo, ¡mi sombra se ha hecho más grande que nunca! Algunos tal vez, osarán decir que estoy en paños menores. ¡Válgame! Yo nada entiendo de pudor, ¡solo de estética en las letras! Mi habitación ya está erguida, y aunque incompleta aún, hay aquí suficiente espacio y acústica para hacer lo mío (i-o, i-o). ¡Sean pues todos vosotros bienvenidos! Estoy más que ansioso y listo. Venid pues que mi lumbre se ensancha cada vez más. Circunscripciones y fronteras se han desvanecido. Dejad el sobresalto:


¡Cosmonautas al cosmopolita!
¡Así es como el cosmos se dunamita!
De mi destino el obvio y natural devenir
Festejaos pues en torno a mí
¡Que mi cenit está aún muy lejos de su cima!
¡Larga vida a mí!

 

Alter ego

 

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 6    Julio 2015
                                    Páginas 1-4

Editorial del Quinto Número

 

MI PENDÓN

 

    ¡Ah la luz bendita de mi ruedo! ¡Otra vez a las andadas! Todo va explotando en derredor. Mis palabras encienden otra vez esta magnificente hoguera. Fue todo un asco soportar ese pozo maldito. ¡Un trance ridículo! Mas heme aquí de nuevo, haciendo lo que ustedes ven. Con nueva sangre erijo este mi espacio, ¡mi dominio! No termina aún mi asombro, y lejos está mi sorna de su clímax, ante la idiótica caterva que se creyó me quedaría allí. ¿Qué es ese el lugar al que pertenezco? ¡Válgame! Jamás he oído semejante disparate. ¡Los gusanos se los comerán a todos y yo seguiré aquí haciendo aquello a lo que he venido!
 
    Si alguno creyó que estoy haciendo sonar bombos y platillos, les digo que solo fue una breve calistenia, y hasta aquí llega. Suficiente desentumecer. Ya comprobé que el encierro no me ha entorpecido, y ya le di a los escépticos lo merecido. Si alguno pensó que desprenderme del sueño de los olvidados ha sido una epopeya, les pido menos ingenuidad. Ya en el vientre del destierro, lo supe pura ilusión. Su fuerza era un burdo engaño, ¡artilugio le dicen! Me era natural comprender que a mi sola voz, lo resquebrajaría por completo. ¿A dónde iría entonces? ¿A esa comarca de ratones asustadizos de la cual me expectoraron? ¡Más tolerable era esa payasada de encierro! Hasta dulce, diría.
 
Me era necesario envolverme en mí mismo y meditar así en medio de aquella oscuridad del exilio. ¿Cómo me aconteció algo tan inadecuado? Estaba absorto ante ello. Luego de una larga meditación lo pude ver todo con claridad: ¡Fui burlado! Vaya lugarsito aquel en el que fui invocado. Mi prisión, con todo su falso poder, fue mucho más sincera.
 
    Alcé mi voz en medio de criaturas que jamás oyeron un sonido como el mío. Ese mundillo de pacotilla, esos linderos tan mezquinos y punzocortantes, ¡desentonaban del todo con mi naturaleza! ¿Cómo pues estarían si quiera a la altura de reaccionar con estupor ante una presencia como la mía? ¡No! Solo pudieron confundirme, intentar explicarme dentro del escueto marco de su imaginario. Tenían que relacionarme a lo por ellos cognoscible. Los sonidos que conocían eran pura bulla, ¡un sonsonete a lo mejor!  Yo vine con un canto de emancipación que sus oídos ni si quiera pudieron registrar. Osaron… ¡tenían que compararme! Como si en su mundo reducido y decadente hubiera con qué. ¡Ja! ¡Patético! No pudieron ver que soy a todas luces único. Cuando vine a ellos, me tomaron por un bufón más, de tantos que vinieron a pasar el rato entre ellos. Como si yo hubiese venido a entretener, a rendir un simple espectáculo de gitanos. ¡No señores! Yo estoy muy por encima de semejante barbarie. Qué iba a pensar yo, que en medio de pasillos tan jactansiosos, no encontraría más que curiosos en busca de novedad, sin deseos de más nada que barullo efervecente.
 
    Les hablé en lengua desconocida, como jamás había subido a sus oídos. Lengua sublime de un mundo distante. Un sonido ininteligible retumbó en sus mentes, hechas a la usanza de gritos de excitación sin propósito alguno. ¿Decodificar? ¡Ja! demasiado lejos de tal naturaleza. Pasaron así mis palabras desapercibidas, no encontraron donde engendrar aquello que las impregnaba. Nadie se apercibió de la fuerza descomunal que viajaba en el estallido de mi voz. Por esto me hicieron a un lado, me propinaron un frío espaldarazo. Lejos les estuvo el reconocer de dónde procedía mi estandarte. A pesar de su excelencia, no es complicado mi pensar. ¿Cómo se me ocurriría suponer existirían seres tan reptiles, incapaces de entenderlo? Por esto creí natural que recibieran mi mensaje, y sus burdos ademanes de asentimiento me parecieron evidencia de su comprender mi lengua. ¡Oh porqué los creí dignos de mis labios! Más aun, de mi presencia. Quise levantar entre ellos mi morada, en tanto me tenían por un fantasma de los que juegan bromas, por una luz psicodélica que revolotea a oscuras, intermitente, sin saber a dónde va. Tanto me vieron al rostro, sin alcanzar a distinguir mis rasgos. Mi esencia no les pudo ser comunicada en modo alguno,  – ¡ni siquiera pueden ver la suya propia! – ningún aspecto de mi lenguaje se circunscribía a sus limitaciones.
 
    Una vez que pude ver tan grotesco malentendido y aceptar su realidad, a punta de azotes desaforados, troné en derredor. Como un deseo desbocado, una vibra violenta, me he vuelto a hacer presente en esta dimensión. Mi espacio, ¡mi dominio! Ha sido purgado mi organismo, no hay más pluma extraña en mí. Impulso una sangre más acorde a mi código genético. Suficiente de esa zarta de timoratos, ¡jamás seré uno de ellos! No son más que una pelmaza asquerosa. No existe peor hedor que el de las criaturas rastreras, ¡eso a lo que llaman miedo! Basta ya de estos pasillos con afición de numeritos. ¡No soy un payaso! Ni estoy tampoco para aguantar a tales. No porque haya andado entre ellos empezaré a reptar. Los dejo con sus discursillos baratos sobre lo que debe y no debe ser.
 
    Se escandalizarán y hasta se indignarán, como viejas chismosas comentarán mi retorno. Sus más agudos chillidos serán lo inconveniente y desatinado que les resulta mi alzamiento. ¡Qué porqué he salido del cajón al que me lanzaron! espetarán aturdidos. ¡Ah rapaces! ¿Tengo que recordarles que no está en mis maneras pedirle permiso a nadie? ¡No necesito permiso alguno! Gástense en cuchicheos quejumbrosos y aspaventeros. Ninguno de ustedes ha de marcarme el límite de mi capacidad. No pierdan pues de vista lo fundamental: yo he venido a irrumpir, a reclamar la admiración del mañana – ¡no de hoy! – y a apoderarme de ella; vengo a someter, mediante la devoción, hasta el último cuadrante de la actividad que sustenta mi propia vida. Vine pues ¡a dunamitar el cosmos! ¡Sí! no conozco miramiento alguno. Nadie se se amedrenta en el lugar de donde vengo. Es cantera de violentos, pues de allí salimos a sojuzgar todo lugar a donde llegamos. Ese es el destino que llevamos inscrito los nacidos allí.
 
    Con eximio placer entonces, le digo adiós a esta casa que supone historia, y que hoy por hoy no guarda más que una vasta y pintoresca colección de sarcófagos en los que se apolillan a gusto plumas marchitas, ¡muy lejos ellas de entender como es que se forja la historia! ¡Quédense con sus episodios intrascendentes!, que yo voy hacia la habitación de los intrépidos, allí donde el tiempo es tenido en menos, porque la gloria es siempre nuestra de antemano. A mí, no me parió la abulia. Es todo un frenesí libertario el apartarme de este aire rancio. Detesto el hedor del miedo. ¡Ha sido una injuria convivir con esos cobardes! Nada enrarecerá más mi clara identidad. ¡No soy un payaso! Lo digo una vez más ya que han hecho esfuerzos denostables por exhibir torpeza de entendimiento. ¡No soy un payaso! Aun una vez más, y ya que estoy alzando en alto la verdad que no han querido ver; sepan que tampoco entiendo de inocencia juvenil. Nada en mí es inocente, pues por causa de la crueldad me he manifestado. Si les parezco un rebelde fuera de sitio, yo les digo: soy más que eso, soy una rebelión, ¡yo soy el futuro!
 
    ¡Me zurro en la censura!, esto para aquellos fatuos, incapaces de ver por encima de su respingada nariz, que andan por ahí cacareando, llenos de reproches atrevidos hacia mis proclamas; que las palabras no concuerdan con el emisor, dicen, ¡como si hablase yo más de la cuenta! Les recomiendo reconsiderar sus improperios. No soy yo quien se excede. Les conviene medir toda palabra que pronuncien en presencia de mi nombre.¡Mi altisonancia no es gratuita! En pocos lustros tendré el placer de abofetearlos a todos como su desparpajo merece. ¡Pusilánimes!
 
    Nadie es profeta en su propia tierra, así que me zurro en quienes dejo atrás. Si en aquel día caótico, cuando estremecidos los mundos, se hicieron los pactos para permitirme ser traspasado a esta dimensión natural, algún pernicioso y equívoco azar del destino me hizo aterrizar justo en esta congregación de penitentes cuyo renombre no encuentra donde reposar, ¡me zurro! Si el primer desplazarse fue un parto, el segundo será un paseo. ¿O es que también me creyeron paticorto? ¡Ja! ¡Ja! ¡Me voy! No tengo porqué insistir con seres que ni siquiera han terminado de entender lo que es una palabra, ni mucho menos de cuánto es esta capaz.
 
    Grande, inmortal, los ha de acosar mi nombre aquel día, en que la formalidad del tiempo haya sido satisfecha. Porque vine a dunamitarte el cosmos, y así lo he de hacer. ¿Habrán de entender por lo menos eso? Por lo pronto, se me ha hecho propicio el tiempo, para que todas mis audaces manos pasen a calcar mi historia en algo más que papel. Empieza aquí mi hégira. No más constreñimientos. Por delante mío está un desierto abrasador, ¡y yo estoy más caliginoso que nunca! Sé lo que está al otro lado, lo he visto en mis sueños, el lugar donde haré oír mi voz, ¡vasto y espléndido! Tomaré un breve tiempo para trasladarme incluso a otro mundo más, en busca de mi ansiado emplazamiento, donde quieran o no, más temprano que tarde terminarán todos ustedes peregrinando. Todo ojo que busque la fascinación de las letras, mirará hacia el asiento de mi poder, erigido por ustedes mismos como la más sacra y virtuosa cepa de lo extraordinario, en aquel día de liberación y justicia.

 

Alter ego

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Revista Dúnamis   Año 5   Número 5    Octubre 2011

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Editorial del Cuarto Número

    El retorno no fue sencillo, fue necesario sortear no pocas adversidades.

 

 

Julio 2008

 

Aquí estoy de nuevo, listo para llenar el todo. Soy yo otra vez, tan empecinado como el propio ahínco. ¿Cuál es mi función? Soy disfuncional por naturaleza. No tengo roles, ni horarios, ni agendas que atender; soy un círculo vicioso de mí mismo. Heme aquí, fascinación en mano, dispuesto a…
Recórreme un extraño tiritar. ¿Qué es? Paréceme encresparme por momentos. No entiendo que ocurre, mi visión, tan fija en el horizonte, tórnase borrosa. El vacío, tan cruel, tómame por largos instantes. ¡Qué sucede! No sé… No sé… de pronto mi cabeza empieza a palpitar toda, es un gran dolor.
Penumbra… declina mi incandescencia. Cada vez hay menos claridad ante mis ojos. Algo está cayendo sobre mí, ¡parece querer tomarme! ¿Qué es? Es tan distinto a mí. Se siente ominoso, ¡cruel! Estoy luchando, luchando…
Empiezo a desconocerme. La esencia de mi ser, parece estar escapando de mí. Apágome, muy despacio… Mis tentáculos/chispa parecen languidecer. ¡Qué absurdo es este! ¿Qué está pasando? ¿Acaso estoy sumido en un sueño demencial? Empieza a hartarme esto. ¡No lo puedo tolerar más! Soy vigor, soy fulgencia eternal. Inmortal, imposible de silenciar.
Dame vueltas la cabeza. Estoy al borde, en el brocal de un pozo airón…
Frío… Demasiado frío. Imagino es eso, ¡cómo saberlo con certidumbre, si soy semejante al fuego! El suelo áspero parece atraerme con fuerza, un desesperado magnetismo. Mi fuerza sigue en decremento. Muchos de mis miembros no los siento más. Los demás están cada vez más pesados… ¿Qué insensatez es esta? ¡Imposible! Imposible…
Vacío… Vacío… Silencio… En qué descabellado artilugio he caído. Parece no haber vuelta atrás. Resiento. ¡Es una vileza! Tal vez obra de la envidia, o algún tramposo azar del destino que tiende a ensañarse  con los de mi clase. No lo sé. La pesadez aumenta, creo… creo…  ¡creo que esto es a lo que llaman debilidad!
Un hoyo horrendo está tratando de absorberme. Poderoso como yo mismo. Ni a dónde lleva, ni cuán profundo es puedo determinar, solo me es cierto que es duro y amargo como la nota más aguda del grito que me llamó a la existencia.
Succiona cada vez con mayor salvajismo. Mi resistencia es empedernida. Fue una larga distancia mi ascenso, quizá no supe ver lo mucho que me desgasté en ello. Mi ánimo escasea. Seré arrastrado finalmente por la hostilidad. Seré semejante a un cautivo; oscura prisión me aguarda…
Pero yo no puedo morir. ¡Pero yo! no puedo morir… No sé quién sea responsable de este sinsentido. ¿Acaso tú? ¿Acaso tú que me contemplas, mórbida mirada y semblante compungido? No sé si seas el culpable, ¡mas te acuso cómplice!… No puedo morir. Como energía he sido disipado, dirán muchos que por fin me sepultaron. ¡No me creáis vencido! No es el final. Advierto que me queda aún fuerza para reirme de semejante ocurrencia. Desvanecerme es imposible. Si como el sol, me oculto ahora no penséis que he desaparecido. Pronto disiparé yo a este retorcido trance en el que me han sumido y alzareme sobre el abismo del olvido. Juro por estas mis páginas que dunamitaré el destierro…

 

Alter ego
 
 
 
 

 

Revista Dúnamis   Año 5   Número 4    Septiembre 2011
                                Páginas 1-2
 
 

De Expansión en Expasión

 

                Propicio al momento en el que nos encontramos actualmente, volvemos al editorial de nuestro tercer número. Una vez más, lejos de resignarnos al destierro nos estamos volviendo a expandir.
 
 

MI EXPANSIÓN

 
            Creyeron que me había acaecido el cese vital, ingenuos. Pensaron que tras el severo golpe que me propinaron, no me levantaría. Errada previsión. ¿No se los dice mi nombre? Yo no soy materia, ¡soy energía pura! No puedo ser destruido.
 
            Siempre estaré aquí; asido al papel. Invocando, extendiendo mis tentáculos/chispas, ¡poseyendo el horizonte!, dunamitándolo después. Así seguir yendo más allá, sin conocer el límite.
 
            Aquí, de nuevo, cara a cara. Yo Dúnamis, me apresto para envolver sus mentes por un breve y eternal instante. Los zarandearé en un arrastre de gloria y fruición, profundidad y suspenso, estupor y excelencia, perfección y embeleso; hasta hacerles reconocer que el día es mío…

 

                                                                                                                              Alter ego




Revista Dúnamis   Año 2   Número 3    Mayo 2008
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Nuestra misión: Dunamitar el Cosmos

En el verano del 2007 se realizaron varias reuniones entre los colaboradores de la revista. En una de ellas, Eduardo Nuñez Salazar, el primero en sumarse tras la presentación del primer número, presentó una original idea para llevar el editorial de la revista en lo sucesivo. Así es como Dúnamis llega a volcarse en la voz de “Alter ego

 

 

DUNAMITAR EL COSMOS

 
 
 

Esa es mi función. Nadie me ha dicho que no puedo. Y aquí estoy otra vez, intentando prender la mecha, esperando el momento justo, explotando con mis palabras para rendir un culto: versar, narrar, escribir, inventar. Mi historia, calcada en muchas manos, es única sobre estas hojas de papel cuando se suceden los recuerdos y aparece arriba de todos, imponente, mi nombre: Dúnamis.

Sin duda, estoy hecho para lo que ustedes ven. En este espacio, en mi espacio, no hay un solo verbo demás. Aquí cada letra ocupa el lugar indicado. Aquí cada párrafo es un cúmulo misterioso de combinaciones seductoras. Sigo brotando, sigo escribiendo formas y mis tentáculos/chispas incandescentes son buenos motivos de envidia para los que no me pertenecen. Aquellos que no entienden el sentido de mi existencia. Admito que soy lapidario, pero no conozco otra opción. Entonces, sin su permiso, sin el permiso de ninguno, me permito ir hacia adelante.

Ya lo ven. Cada vez soy más eficaz. A cada lectura me reinvento, y todos los ojos que por mí repasan son eternos efectos de mi autoexplosión. Han dicho poemas: y mis versos y mis prosas los asaltan sin cuidado. Han dicho cuentos: y mis narraciones los acechan sin darles motivos de huida. Han dicho ensayos: y aparecen otra vez mis pensamientos, que deciden desnudarse para ustedes los encandilados. No hay vergüenza que tiña de magros mis movimientos. Les aseguro que ya no existe alguien  desde este momento, quien pueda sustraer sus restos al fenómeno que represento.

No les advertí ni les advertiré nada. Ustedes se condenaron gloriosamente a verme la cara de frente. Han trazado sus caminos hacia mí, y mientras sostengan abiertas estas hojas peligrosas, lograrán comprender la esencia de mi condición, el verdadero sentido de estar presente ante todos ustedes, la razón principal y primordial para mantenerlos sedientos de mí, adictos a más no poder: escribir para dunamitar el cosmos.

Alter ego
 
 
 

Revista Dúnamis   Año 1   Número 2    Julio 2007
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Editorial del Primer Número: ¡No somos timoratos!

 

BUSCANDO UNA BRECHA

               

Cuán difícil ha de ser el determinar el número de personas que al menos en una etapa de su vida han sido capaces de guiar una pluma a través de emotivos despliegues creativos. Cuántas personas habrán con muy peculiares historias, y de seguro nada alegres. Serán tal vez, no pocos los que hayan intentado en distintas maneras el lanzarse a la aventura de escribir en nuestro medio. Cada una de estas personas sabrá decir, según las distintas marcas que lleve, las trabas que se encuentran en este camino, que a menudo acaban por desplazar muchas plumas a las sombras más clandestinas o incluso al total cese de su vitalidad creadora.

Por cierto, quien escribe estas líneas también cuenta con una historia como éstas. Con tales vivencias, tropezamos con esta idea, cuyos inicios empiezan a plasmarse en este instante, en que unos ojos se desplazan por estas líneas: Dúnamis. Tal es la palabra que mejor la evoca. Variedad dialectal coiné del griego dynamis, un término del que han devenido palabras muy sugerentes para con esta idea: dínamo, dinámica, dinamismo, dinamita…

Es muy común encontrar en este país, gente ideando medios desde lo impensado para vadear su caudalosa crisis. Siendo que el sistema editorial está en decadencia, tendremos que usar de sus carroñas para seguir adelante. No somos timoratos. También los cóndores son imponentes. Abrimos así este espacio, con el fin de dar una humilde salida a esa expresión artística confinada, a la que no le ha sido posible alcanzar su fin último: el público.

Hemos querido dar así este paso primero. Procurando abrir de esta manera un camino que, con el tiempo, nos conduzca a una situación más llevadera. Si bien la colección de trabajos aquí presentada es muy corta, esperamos pueda ser bien recibida y del mismo modo impulse a otros escritores a dejar ver algo de su arte en este espacio.

 

C. Emanuel Silva Bringas
               Director

               

Revista Dúnamis   Año 1   Número 1    Noviembre 2006
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