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El Banquete de la Vida

 

Autor:  Jorge Luis del Villar Badillo
             Nogales – México

 

El Banquete de la Vida

Fuera de mi mujer, toda las mujeres que me interesaban se parecían a ella. Llevaban consigo una estructura ósea similar. Una composición tan bella y debía ser la misma, reduciendo al mínimo la sensación de estar viendo a otra persona. ¿Eso contaba como infidelidad? Creo que si le fuera infiel a mi mujer, sería con su sombra, su gemela o su reflejo. Para que llamasen mi atención debía tener ojos grandes, hermosos y de preferencia café pardo. Debían tener una piel blanca manchada con infinitos lunares. Pecas invisibles y brillitos amarillos por doquier. Pero lo que más me interesaba, era que tuviesen un alma preciosa, que dejaran asomar de vez en cuando. Ahí era donde todas las otras fallaban. Eran siempre como la comida enfriándose en la mesa: pudiesen tener el mismo sabor, pero nunca su textura; tampoco su substancia ni calor. Lo pensaba mientras se alejaban de mí. Ellas también lo sabían.
Se alejaban de mí esas mujeres que miraba convertidas en platos vacíos, sin contenido ni esperanzas.
Lo pensaba mientras aquí sentado, estaba solo en el confuso banquete de la vida.

        

    
                                

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12   Febrero 2016
                                   Página 17

Versos Llorando

Autora:  C. Siomara Henríquez de Goldman
                Morazán, Yoro – Honduras

 VERSOS LLORANDO

Pluma en pena, encima de mi papel,
se complace al mirar la rima rúnica.
dejando su esqueleto en el cartel
se seca la tinta, con tristeza única

Se refina la musa, en un randel,
con lo fino y lo suave de la música
la lira con espectro de pincel,
¡augura las rimas…, hacerla pública!

Ordenan publicarle su secreto,
sin dirigir la copla del petisú.
Eso aumento las lágrimas del dueto.

Atizando la brisa del libreto;
llega el misterio que guarda mi haiku,
¡con los versos de llanto del soneto!

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12   Febrero 2016
                                   Página 16

La Vereda de Enfrente

Autora:  Beatriz Rastaldo
                Cañada de Gómez – Argentina

 

La Vereda de Enfrente

El misterio estaba ahí, en la vereda de enfrente. Tan cerca y sin embargo era un océano indescifrable. El tráfico incesante iba seccionando trazos de los edificios de aquella vereda, como un cuadro abstracto, detenido en un desafío. París estaba en llamas y en su corazón no había una gota de agua.
Se sentó en el umbral de una lujosa vidriera, los transeúntes pasaban, ignorándolo. Otro bohemio en esta ciudad de bohemios locos, seguro pensarían. El ajeno a todo…solo pensaba y pensaba, mientras la vereda de enfrente se acercaba…se alejaba…se apagaba…se encendía.
Su mente se fue poblando de imágenes sepias…su madre sacando brillo a las tacitas de porcelana, su padre, llegando al mediodía y sacándose como si fuese un rito, la gorra siempre debajo de la puerta, su hermano gemelo, solo fue una persona cuando él vivió, fue un niño feliz, un adolescente con sueños y enamorado del futuro, pero un día bruscamente se convirtió en una mitad…su gemelo murió, y así se sintió siempre…la mitad…luego sus padres se convirtieron en sombras dolientes desapareciendo con el tiempo.
Quizás ahí empezó lo de la vereda de enfrente…o no, quizás fue por María, si también por María… su piel de nácar, su risa de campanas Repicando, sus ojos de misterios como estrellas. María y sus mentiras…
Y ahora estaba ahí, antes sus ojos la vereda de enfrente, y el reloj del campanario que le decía que llevaba seis horas, recordando con la mirada fija.
El alba despertaba. París dormía a sus pies, que lentamente dieron los primeros pasos… uno…dos…tres… el tráfico apurado, la calle y sus ruidos, las luces, frenos a destiempo, gritos, la oscuridad en sus ojos cansados.
Inalcanzable, enfrente, la vereda era un océano indiferente ante un corazón sin latidos.

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12   Febrero 2016
                                   Página 15

Sombrero

Autora:  Gina Barrios M.
                Ciudad de Guatemala – Guatemala

 

Sombrero

Un sombrero para el sol,
Otro para la lluvia
Y otro para la fiesta.
Un mismo sombrero
Que acompaña,
En toda situación.
Solo debes de observar
Su personalización,
Pues es un sombrero de tres.
Tres días distintos
Que se únen en uno.
Días de sol, de lluvia y de fiesta.
Sol de bienvenida,
Lluvia amiga
Y fiesta distraída.
Un sombrero que
No lo es completamente;
Sombrero llamado personalidad.

01 de febrero del 2016

 

                 

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12   Febrero 2016
                                   Página 14

Los libros

Autora:  “Eleutheria Lekona”
                Estado de México – México

Los libros

Un trozo de pared se volvió papel y yo me volví lápiz.

Los libros salen de los estantes y caminan hacia mí obedeciendo. Se abren, me muestran sus letras, cada uno de ellos lee su contenido en voz alta.

Se sobreentiende, me ordenan a escribir. Y yo, ejecuto sus órdenes a pie juntillas con denodado cuidado, caigo en una especie de sueño hipnótico del que es difícil sustraerme. Me ahogo, pero al mismo tiempo no puedo cesar la escritura. Lo intento pero la reanudo una y otra vez, una y otra vez, una y enésimas veces. El libro ordena —o este coro de libros alucinados— y yo obedezco. Libros apeándose de los habitáculos donde se hallan dispuestos para, a través de mí, hacer partícipe al mundo de los humanos de sus andanzas, su cotidianidad y de sus vidas.

Cedo entonces paso a los bloques de narración.

B1.

El libro de Geometría de Javier Bracho, se ha enamorado del libro (de la misma colección) acerca del modelo estándar y el afecto es recíproco. Caminan juntos y no se separan. Esperan su turno tomados de la mano. Uno ya lleva su forro (su impermeable); el otro aún espera por él.

Es verano, se lo surciré esta noche con ayuda de cinta mágica.

Por razones a mí desconocidas estos libros pareja han insistido en narrar su historia y me han solicitado su registro estenográfico con especial cuidado. Como ya he dicho, yo escucho, al mismo tiempo que obedezco y transcribo. Hay el plan, incluso, de grabar todo esto en cintas magnetográficas.

B2.

No hay libro que no tenga apego a su lugar en la estantería. Es difícil disuadirlos, después, de un cambio, de alguna reconfiguración (la mínima) en el ánimo de optimizar los espacios. Libros enamorados (como los susodichos de la colección referida) son de los pocos que no se niegan a cooperar. Libros quizá de criterio más independiente.

B3.

Todo un zafarrancho cuando toca arreglo en el local, pequeña bodega o minibiblioteca, de este esquinero reservado en mi habitación.

B4.

Hay 6 pequeños libreros ahora; solamente dos son del mismo tamaño; uno muy superior a todos, vertical; otro también supremo, pero horizontal; dos iguales chicos pero con capacidad amplia adquiridos recién; uno pequeño y menudo, también vertical; y el del medio cuerpo, superior, del mueble de computadora.

La buena noticia es que pronto habrá otro próximo; los libros que él contiene pronto conocerán a sus hermanos. Estos libros especiales que llegarán pronto son libros resplandecientes de amor, amistad e intimidad plena. Estarán a resguardo por algún tiempo y habrán de convivir con los míos a quienes he dicho les reciban con toda calidez.

B5.

Los libros de pronto arman sus fiestas —más o menos en la tónica de como lo hacen los juguetes en esa película rara llamada Toy Story— y discusiones. Solamente que ellos están cargados de sabiduría y erudición y, a veces, como los intelectuales, son también ególatras y muy huraños. Se los calma con charlas, té y música.

Fuera de eso, son muy callados y llenan el recinto de un cierto aire de serenidad y calma de tal modo que nos hacen pensar en un santuario o en un adoratorio.

B6.

No hay libro que no goce, también, de oír las charlas de las personas; son tan precoces y curiosos como lo era yo cuando era niña.

B7.

Sonará näive esta declaración, pero se han mostrado siempre como mis amigos.

En el decurso del tiempo he perdido a algunos de ellos. En préstamos. Pero he ganado a otros también en préstamos. Me consuela pensar que como han quedado todos en manos de espíritus lectores, la repartición, después de todo, habrá sido más que justa.

B8.

Es difícil pensar que si debiera yo hacer un viaje, o no me fuese posible estar más aquí, entonces ellos quedarían solos por temporada indefinida. Huérfanos. Uno quisiera hacer un codicilio adonde se especificara con exactitud qué tendría que ocurrir con cada libro. Cuál sería su destino, a quién debería entregarse el libro en cuestión —su nuevo amo— para su potencial cuidado, y bajo qué condiciones. Pero eso no es posible.

B9.

Una muralla de libros, un puente de libros, un mausoleo de libros. Una soledad sin los libros y los amigos y los seres amados.

B10.

Los libros que circulen, que rueden, que abunden, que diversifiquen sus formas y sus formatos. Y lo mismo que ocurra con sus textos.

B11.

Pasa, por cierto, también, que los libros se entremezclan con otras especies. Yo les he preguntado a mis libros si querrían tener contacto con algunos otros objetos en especial. Y ellos me han dicho, casi al unísono, que con violines. A falta de material y fondo para tan suntuosa reunión, me ha quedado esbozarles una amplia sonrisa. Entonces, ellos me muestras sus dientes y hacen muecas de aprobación.

B12.

No hay día en que los libros no revistan importancia en casa. Y lo mismo, cuando preparo té, que cuando me siento a la máquina a escribir, o cuando hago geometría con quien hago geometría, etcétera, ellos están siempre allí, atentos, observando y, sobre todo, prestando sus servicios ante cualquier posible contingencia, duda o pregunta, que insurgiera o surgiera.

B13.

Y hay días que me embarga una sensación de miedo inminente. De tal modo que estoy cierta de que algún día habré de emprender un largo viaje a un desierto, a una selva tropical, o a un bosque de coníferas siempre verde y, entonces, habré de marchar sin ellos y ellos quedarán sin mí. Cuando este miedo me atrapa sucumbo de tristeza. ¿Cómo puedo tener semejante arraigo por lo material? Me increpo.

Entonces calmo, me olvido del asunto, de la historia, de la fantasía. Y llega a ocurrir, por obra de una suerte de efecto tranquilizador, llega a ocurrir que vuelvo a lo mío sin que quede memoria de este temor que, no obstante, continuará latente.

Ellos mismos me han dicho que la impronta de su consolación en mi espíritu es ya imborrable. Detienen mi cuerpo, lo sujetan. Lo sujetan a su corporalidad terrena y me confieren de cierta paz.

B14.

Lo más que podría escribir en relación a los libros es este panfleto edulcorado en donde se conjugan elementos de una realidad disconexa pero convergente.

B15.

La distopía de Bradbury —ahora que pienso en ella— más que concitarme una simpatía ilimitada por los libros, me provocó la molesta sensación, casi mórbida, de aparecerse clarividente en varias de sus maledicencias sobre el espíritu. Grazna también en Bradbury el espíritu nietzscheano, contrailustrado.

B16.

El metadrama literario de un espíritu antipostmoderno: reacio a la postmodernidad, pero también inserto y copartícipe de ella.

Adagio autorreflexivo.

B17.

Y así, pienso sucesivamente en:

  1. El Índice, aquel listado de libros anatemizados durante la tardía infancia humana medieval.
  2. La quema de libros durante la Alemania nazi.
  3. Los libros en ciertas bibliotecas, atrapados en vitrinas, asfixiándose, en sofocación, sin ser nunca palpados por mano alguna.
  4. Los evangelios apócrifos.
  5. El Kamasutra.
  6. Libros eróticos prohibidos.
  7. En los antiguos papiros y códices, apenas inteligibles a una casta de hombres versados en extravagantes garabatos llamados jeroglíficos e ideogramas.
  8. En libros perdidos.
  9. En el gran incendio de la Biblioteca de Alejandría. Y por supuesto en Hipatia.
  10. En la precartesiana álgebra sincopada.
  11. En los poepoemas y las poepelículas, cuya narrativa me he afanado en esbozar.
  12. En los potenciales prolegómenos a toda pseudofilosofía del futuro concebida por hombres insoportablemente ociosos.
  13. En los huacales con libros, perdidos por madre, en alguna inundación tras alguna de nuestras habituales mudanzas.
  14. Etcétera.

B18.

Imagino un día lo siguiente:

Un chip pequeño incrustado con ayuda de nanotecnología en nuestros cerebros que contenga la Biblioteca Universal del mundo y poder acceder a ella a los caprichos de nuestra mera voluntad.

B19.

Y claro, me faltó la loca Biblioteca de Babel de bourgeois Borges.

B20.

Entonces, por supuesto, las hordas altermundistas de aquellas postreras épocas de mi imaginación habrán de oponerse mutatis mutandis a la operación de incrustación del chip vía intraocular por la cual el conocimiento se haría gradualmente accesible a todos.

B21.

Entre otras cosas aducirán:

* Afecciones neurofisiológicas irreversibles (más chicos baleando en Denver pero por otras razones).

* Probable disminución del IQ.

* Control mental.

* Somnolencia e insomnio con consiguiente aumento de grupos de noctívagos anónimos y noctámbulos de la mierda.

* Falta de concentración en el trabajo y escuela; y desinterés por la familia.

* Aumentos de enfermedades de la psique.

* Varios otros por definir.

Los libros al final permanecerán.

Bloque final.

Me he cansado ya de escribir y los libros de dictar. Cada uno vuelve a sus actividades no sin antes organizar la acostumbrada lectura ritual al sapere aude kantiano. Se oyen cánticos, rezos, loas, risas, chistes, perogrulladas, mantras de todo layo. Se recitan poemas, se bebe té y se escucha al fondo un poco de música.

La ilustración consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración.

La mayoría de los hombres, a pesar de que la Naturaleza los ha librado de tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y a la cobardía. Por eso es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi diente, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo.

—INMANUEL KANT, Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?

Hasta aquí con esta historia.

NOTA

[*] Esta historia la escribí en Je suis Eleutheria en julio de 2012. Todos los bloques, salvo por el último, fueron escritos en ese momento. Tres años después de su primera confección, decidí rescatar la historia, realizar minúsculas modificaciones a lo largo de los bloques y crear un desenlace para toda la historia en el bloque final. Se escribió a la manera de la literatura hipertextual —en tiempo real— a través de una secuencia ordenada de posts. He aquí uno de los enlaces:

https://www.facebook.com/je.suis.eleutheria/posts/178575945608041

 

 

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12    Febrero 2016
                                  Páginas 5-13

NO

Autora:  “Delia Haartz”
                Castellón de la Plana – España

 

NO

Todas las lágrimas derramadas
alimentaran a las flores del mundo.
Sangre tiñendo mares y ríos.
Cuerpos formando montañas agrestes,
agresivas muertes.
Todo llega a su fin.
El paisaje lo anuncia.
Rebrota vida de otras muertes.
Alegría de llantos.
Color de la oscura batalla.
Equilibrio entre vida y muerte,
entre bien y mal,
entre luz y oscuridad.
Los vástagos crecerán sin saber.
Sin saber porque no conocieron
a sus antepasados.
Abuelos, tíos y primos
caídos a manos enemigas,
por dinero,
por terrenos,
por recursos.
No por amor, ni por libertad,
ni por honor,
NO.                

 

 

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12    Febrero 2016
                                  Página 4

Editorial del Décimo Segundo Número

 

Visite las siguientes páginas responsablemente

Estimado lector, usted que transita en algún momento del día y clava su mirada en este espacio… Probablemente esperará encontrar en las siguientes páginas, algún un morbo extraño que le haga reflexionar, suspirar; que le provoque ira e indignación, le impregne un poco de sazón al resto de su jornada laboral; o, si lo lee al final de la misma, algún as que pueda utilizar en alguna conversación  en la cena y quedar como el más intelectual y trascendente.

¡Deténgase!, quizás este no sea el espacio indicado… Si anda buscando polemizar, es  mejor que  busque un foro de los que abundan en internet, esos lugares comunes donde pululan los todólogos, donde se dice de todo y nada queda; espacios criticados por el reciente fallecido escritor italiano Umberto Eco.

Los textos normalmente publicados en DÚNAMIS suelen ser  apropiados para escudriñadores, que se sientan con algún grado de calma y tratan de ver más allá de lo obvio, nuestros colaboradores suelen dejar mensajes allende lo obvio, para que algún lector con suficiente tacto  descifre códigos y se deje cautivar por las palabras explícitas e implícitas.

Pero antes de comenzar a juzgar  el mundo que al que al terminar esta reflexión comenzará a mostrarse, lo invito a hacerse la siguiente pregunta ¿qué tipo de lector es usted?… Imagínese que está usted frente a  un psicólogo amigo.

Es usted un lector veleta que espera títulos de relevancia para el mercado. Es usted un lector rebelde que busca libros ideologizados para presumir que usted tiene carácter y criterio y por ello es digno de pleitesía; o, es usted el lector que buscamos, con un carácter bien definido, que busca encontrarse con usted mismo y ve en la lectura un acto de recreación y purificación.

A raíz de un artículo escrito por Sherwood Anderson, en el cual mostraba la relación entre lectores y escritores, donde el escritor por su evidente fama, tenía que asumir roles propios, ajenos o inventados, para construir relaciones a partir de: “ser el famoso de la fiesta”. Anderson sugería una ética, en que el escritor debía encarcelarse ante la evidente fama que lo agobiaba y como éste debía incluso dar pistas de sus libros, a veces forzadas para un no lector que se quería apropiar del título de “amigo del escritor”, de modo que a posteriori, dicho “lector” pudiese presumir de su  contacto con esa figura iluminada. Yo a ese “lector”  preferiría definirlo con mis palabras un lector postizo, un no lector. Ese escenario lo veo lejano de suceder en este contrato que asumimos usted que desea leernos y nosotros. Nada más lejano o más utópico que dicho artículo, y si algo se le puede asegurar a usted estimado amigo o amiga acompañante, es que los escritores y escritoras de DÚNAMIS no asumimos poses extrañas, no buscamos  temas de moda, no  queremos descubrir el crimen perfecto, ni el pasadizo hacia el mundo perdido de los extraterrestres.

Una cualidad más de escudriñador sería más necesaria, para abordar temáticas cercanas a la vivencia, a la cotidianidad, con  aristas de situaciones muy normales.

Retomo nuevamente el artículo de Sherwood Anderson, para decir que en esta relación, no habrán: miradas incómodas, sobresaltos; no habrá ayudas, ni compadrazgos explícitos entre lector y escritor. Por ello, la mayoría de los escritores de DÚNAMIS no pertenecen a una barra de historietas, ni a una editorial de best-selllers, cuyos títulos tienen la bendición del mercado. Por tanto, ese efecto que usted podría ganar según Anderson, probablemente no lo logre con ninguno de los que acá participamos. Pero si usted entra con una actitud libre, de dejarse sorprender,  de dejarse aliviar de su cuadrada cotidianidad, probablemente encontrará frases, espacios que le consuelen. Existe un tercer ojo que los místicos suelen decir que se alcanza cuando se ve más de lo obvio. Prepárese eso sí, alístese para el viaje, busque un lugar tranquilo, un momento oportuno del día.

Sí, un grupo de escritores comprometidos, de “A pie” como decimos en mi país a la gente que se esfuerza, que lucha y que suele deambular tras bambalinas, gente que extrae sus imágenes desde el pozo más cotidiano de una vivencia aparentemente intrascendente. Estimado lector: ¿qué estaría usted dispuesto a realizar por una buena lectura?… Imagino que al menos apertura a cualquier temática que se le plantee, a la selección de textos sin juzgar el hecho del porqué salieron en este número de Dúnamis más cuentos que poemas, ensayos, etc… Estará dispuesto a intuir y descubrir voces  personas no revestidas de una corona de laurel, que viven en este mundo de forma incógnita, que sufren al igual que usted la congestión en los servicios públicos de medicina, las presas o atascos en las carreteras, etc.

Permítame mostrarle algunos chispazos de las valientes exponentes en este número:

De la escritora argentina Beatriz Rastaldo por segunda edición consecutiva, aparece en esta ocasión un pequeño relato cargado de imágenes poéticas, el cual habla del tamaño  y la tesitura de un misterio, ¿cuántos misterios son individuales al ser humano y cuántos colectivos? Aun así, el misterio es cómo la cédula de identidad o el número de pasaporte, pues lo que para mí es misterio para otro no necesariamente. ¿Qué tan  cerca está ese misterio de mí, y en cuántas aristas, paisajes o recovecos se ubica? Véase dos frases de este  texto:

“El misterio estaba ahí, en la vereda de enfrente. Tan cerca y sin embargo era un océano indescifrable… un adolescente con sueños y enamorado del futuro, pero un día bruscamente se convirtió en una mitad… su gemelo murió, y así se sintió siempre… la mitad”

Con particular belleza Eleutheria Lekona nos señala como los libros tienen vida propia la cual se aleja o se acerca muchas veces a la personalidad de sus dueños: En un formato prosaico por pequeñas secciones, nos desarrolla una historia de libros: “Los libros salen de los estantes y caminan hacia mí obedeciendo. Se abren, me muestran sus letras, cada uno de ellos lee su contenido en voz alta”…

Delia Haartz desde España le entrega al lector un poema muy nostálgico de corte apocalíptico, me niego a escribir en este espacio algún verso por que le privaría al lector el grato privilegio de descubrirlo por sí mismo.

Finalmente la chilena Fatty nos ilusiona con su poema y no transmite su definición de ilusión: ¡Una ilusión! Deslizase en el firmamento, ella en el ocaso desprendida relucía!

Estos y otros valientes nos llevan de la mano en estos y otros textos hacia un mundo diferente, a lo mejor no tan extravagante, pero seguro explorará nuevas posibilidades que permite la lectura.

No quiero decir más, simplemente estimado lector, espero que tenga la paciencia, la valentía de escudriñar y descubrir la belleza entre los textos de estos valientes expositores que se atreven a realizar dignas propuestas literarias en medio de lo que Vargas Llosa definiría como la Civilización del Espectáculo.

¡Entre, pase adelante!, está en su casa Dúnamis, lo invitamos a evolucionar junto a nosotros.

         
                  

           Alexander Anchía Vindas
                  Consejo Editorial

 

 

Revista Dúnamis   Año 10   Número 12    Febrero 2016
                                    Páginas 1-3