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Ex-halo

Autor:  Emanuel Silva Bringas
             Lima – Perú

EX-HALO

¿Y si tan solo abrimos los puños?
exponiendo palmas vetustas y exhaustas
¿Si dejamos ya el aire infatuo del guerrero?
Si laxamos el encono, el férreo ímpetu del sobreviviente
¿Si olvidamos el mañana y sus vagas promesas?

Si aflojamos el hálito,
y abrazamos la ventisca del presente
¿Si nos dejamos caer sobre la arena, impávidos?
Si dejamos ir el esfuerzo
¡Que nos abrase la solana!
Que se fundan nuestros nombres con este desierto
¿Será que así hallará final,
por fin,
el hastío?

              

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Página 31

Carta de Dulcinea a don Quijote

Autor:  Raúl Galache García
             Madrid – España

Carta de Dulcinea a don Quijote

Texto incluido en Torres sobre la arena, libro de relatos editado por Mundi book.

Mi buen caballero:

Ahora, amigo mío, que me llega el momento de la confesión, con la sola esperanza de que por una vez os veáis con mis ojos, he de haceros llegar mis últimas palabras. No son sino un reflejo apagado de quién fui, de quién he sido y de quién a la postre soy.

Yo no nací libre. Yo no pude elegir para mi libertad la soledad de los campos ni el mundanal ruido de las ciudades. Yo no fui princesa Micomicona ni pastora Marcela. No fui la bella dama a quien rechazasteis con noble galantería en aquel castillo que os acogió y que os llenó más de heridas que de la honra que se os debe. No fui la dueña Dolorida que precisaba vuestros servicios. Ellas y otras fueron, mi noble caballero. Yo no. Porque yo nací presa de una quimera. Me alumbró vuestra fantasía, me forjó vuestro fuego de amador y crecí alimentada de palabras prestadas. Nada hay en mí siquiera de la Aldonza que sí fue.

No nací sino para quereros, que para tal misión me hicisteis. Adormecida o resuelta, vivaz o sumisa, una pregunta se me presentaba al principio como la única que requería para mí una respuesta verdadera. ¿Qué os debía? Una vida entretejida en los brazos del sueño, el pedazo de un gajo de fantasía, una existencia de viento y sombra. Eso pensé al principio, mi dulce caballero. Y, por tal motivo, os aborrecí. Os maldije como al padre que no solo olvida las obligaciones de su condición, sino que, valiéndose de la natural potestad que los cielos le otorgan, se vale de ella para hacer de la vida del hijo un medio de satisfacer sus caprichos. Así, como quien se ve entre muros altos, privada de luz y aire, acallados los gritos y sofocados los suspiros, viví al principio, como la sombra sin la luz que la crea.

En tanto que de este modo veía yo mi débil y aún breve existir, vos iniciabais el camino que vuestra nobleza os dictaba. Liberasteis a un pobre muchacho y me ofrecisteis vuestra gesta como ofrenda. “Sobre las bellas bella”, decíais de mí. Descubrí después otros gestos que fueron ablandando mi corazón de mármol. Vuestro desmedido ayuno, las cadenas de aquellos ingratos galeotes transformadas en prendas de amor, vuestra vida puesta en la balanza de las armas por defender mi hermosura. Muestras de fidelidad no faltaron, una fidelidad en la que vos no ganabais nada, pues no recibíais de mí más premio que el de vuestra propia conciencia. Así sucedió que una noche, mientras vuestra cabeza descansaba en dulce sueño, me vi con vuestros ojos. Fue como la revelación de un loco que, de pronto, ve alumbrados sus sueños por un fino haz de luz. La simpar Dulcinea, discreta y hermosa, modelo de cuantas aspiran a ser amadas por caballeros. ¿Quién no cambaría una existencia tal, aun siendo esta un soplo del alma, por años de tierra, polvo y escarcha? Ni el tiempo ni la distancia, ni el sol en verano ni la nieve en invierno, ni el sudor en el campo ni las intrigas de la corte; nada. Nada podía tocarme. Ni nadie, sino el aliento de vuestra imaginación.

Fue entonces cuando empecé a entregarme a vos. No lo hice de pronto, que el castillo no se toma sin asedio. En esta insólita batalla, mi voluntad ha sido doblegada por vuestra constancia. Así me tenéis ahora, a vuestros pies rendida, señora y sierva, a un tiempo deidad y criatura de vuestros pensamientos. Confieso al fin que os debo cuanto tengo.

Fueron tantos los prodigios de los que fui testigo, tantos los portentos que vivimos juntos, mi dulce amigo: las maravillas de la cueva de Montesinos, el vuelo de Clavileño, los despiadados encantamientos del gigante Malambruno. Crecían por doquier la honra de vuestro nombre y la fama del mío. Hasta que vuestras andanzas os llevaron a la costa del mar, donde os halló el Caballero de la Blanca Luna. Apostasteis una vez más vuestra vida por defender mi hermosura sin rival. A vuestros ojos, es tal mi perfección que obligáis a creerla sin haberla visto, tomando la fe por presupuesto. Aquella playa de Barcelona fue la de Troya para vos. Aún con la punta de la lanza enemiga en el cuello, estabais dispuesto a entregar el cuerpo y el alma por mi belleza. No lo exigió de tal modo el de la Blanca Luna, y acaso fue más cruel su pena que la de la muerte, pues ahora estáis postrado en vuestro lecho, relegado en el pueblo que os vio nacer, privado del noble ejercicio de la caballería, sumido en un sueño del que despertaréis en breve punto.

Vuestra vida se acaba y con ella la mía. Si, como os he dicho, por vos tengo la vida, sé que por vos he de morir. Pero dadme, cielos, aliento para concluir mis palabras. Ciertamente, no son palabras, que no tienen peso en el aire ni relieve en el papel. Pensamientos son que viajan en el lago de vuestro reposo. Tal vez sea el nuestro un amor sin objeto, un cielo que no abraza tierra alguna, un amor que no se alimenta de las naturales caricias y besos que dan cuerpo al sentimiento. Tal vez sea así. Sin embargo, cuántos son los amantes que venderían cada mirada, cada caricia, cada beso, por abandonar la carne mortal y ser mente con mente, amor con amor, alma con alma.

No abráis aún los ojos, Caballero de la Triste Figura, pues, en haciéndolo, sufriréis vuestra última derrota ante quien solo es hidalgo de lanza en astillero. Aguardad un punto, que algo más he de deciros. Antes de que despertéis y con la luz del mundo llegue la de la cordura —si es que ésta es tal y no son todos necios conjurados contra nosotros—, antes de que abráis los ojos y estos ya no sean los vuestros, os hago un ruego, el último, el primero, el único: mientras esperamos la muerte que a los dos nos ha de llegar en breve, regaladme vuestro afán postrero, vuestro último anhelo, vuestro último pensamiento. Si así lo hacéis, tal vez haya un instante para los dos que nos desligue del mundo y que, al fin, nos haga eternos.

 

Vuestra siempre,

Dulcinea, la señora de vuestros pensamientos.

 

                              

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Página 28-30

La Casa del Poeta

Autor:  David Pérez Núñez
             Sto. Domingo – R. Dominicana

La Casa del Poeta

 

Las astillas volaron por los aires, fuimos todos a ver que paso en casa del poeta. Tocamos la puerta, una mujer nos condujo entre libros de pergaminos carcomido por las ratas, destruidos por el mojo. Tomé del estante que daba hacia un pasillo las obras completa de Schopenhauer. Una página suelta, ilegible prefiguraba un poema de Eliot.

La mujer de cuerpo flácido, quien en otro escenario debió ser una tigresa, narró lo sucedido. Lo dijo entre lágrimas, con sentimiento de culpa, intenté consolarla, arrebatarle la rabia contenida, pero no pude, entonces se entregó en llanto a contar los hechos.

Mi marido a quienes todos le confiaban sus más recónditos anhelos, fue un intelectual de fuste, eso le oí decir a muchos poetas y artistas plásticos. Venían hasta nuestra casa a corregir un verso, una línea del cuadro que no los convencía, quedaban por semana, le preparábamos su habitación, una buhardilla como le gustaba decir algunos de ellos.

La tragedia llegó con un joven poeta, alto, fuerte, de modales un poco toscos. Le dijo a mi esposo que venía para hacerle una serie de entrevistas, luego ellas serían publicadas en un suplemento dominical. Le preparamos como a los otros su buhardilla.

Su comportamiento siempre fue comedido, conversaban hasta alta hora de la noche, los griegos era su tema recurrente, en especial Homero, su trato con mi esposo fue siempre paternal.  Antonio era un hombre dado a la bebida, realmente era su única pasión fuera de la literatura. El joven poeta, se hacía llamar Adrián, en homenaje a un escritor griego. El joven inquiría con los ojos, mi gran debilidad. Cuando caminaba hacia la cocina sentía sus ojos no separarse ni por un segundo de esa parte de mi cuerpo que tanto le atraía

Una noche Adrián, se quedó a conversar con Antonio, esta vez mi marido había perdido el control en la bebida, también Adrián flaqueó en el control de sí mismo. Adrián habló esa noche como nunca, pontificó, alabó a Antonio de una manera, que me pareció exagerada. Cuando el calor de los tragos fueron menguando, el no dejó de mirarme de una manera insolente, podría decir que de un modo casi perverso.

Llevamos entre los dos a Antonio hasta su habitación, en el camino, por los pasillos, nuestros cuerpos se tocaban involuntariamente, el rose me dejaba una sensación afrodisíaca en mi cuerpo, que no sabía cómo ocultar. No lo acordamos, era una necedad ponerse de acuerdo, además de una pérdida de tiempo.

Sentí sus manos negras bajar por mi espalda, tocar sin prisa mis glúteos, le pregunte si él entendía que Antonio estaba lo suficientemente dormido. Me respondió balbuceando entre la desesperación y el placer, que lo conocía tan profundamente, que sabía en ese momento lo que el soñaba. Hizo una descripción vehemente del conocimiento sobre mi esposo, en un ataque de rabia, dijo: el sueña a esta hora que nos hemos perdido en medio de su biblioteca y que hacemos el amor entre sus libros, sobre nosotros caen tomos completos de obras de filósofos. En otro pasillo de su biblioteca narradores de cuentos mágicos se abalanzan sobre nosotros, ve entre sueños como los mejores poetas nos miran desde sus estantes.

El sueño al final es trágico dijo, Antonio se levanta esa noche a buscar el libro de poema con que ganó un premio en España. Un verso no lo dejaba dormir, le inquietaba lo muy rimada de sus líneas en el poema. Pero en el instante que va a tomar el libro en sus manos, se percata de nuestros cuerpos enredados entre sus libros.

Antonio guardaba cercano a la puerta un galón de Kerosen, junto a una caja de fósforo por si el alumbrado fallaba, por lo que huyó hacia la puerta regresando con el galón en mano, luego tomó la terrible decisión de rociar toda su biblioteca y encenderla junto a Adrián y a mí. Pude escapar porque conocía las puertas que daban hacia fuera de ese laberinto. El cuerpo del joven poeta lo encontraron abrazado a un breve libro de poemas cuyo autor desconozco. El libro se titula El oscuro rito de la luz.

                                

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Página 25-27

Gitana

Autora:  Giann-Poesía
               Buenos Aires – Argentina

Gitana

Al remoto confín del mundo
más allá de los yermos
territorios, a las entrañas
de una tierra áurica helada,
custodiada por altas rocas
de adamantinos lazos en cadenas,
entre elevados picos nevados,
la esmeralda gema de una visión gitana
baja a su dios de las alturas
hasta donde el mismo espíritu fragua
besos en versos que hacen verbo
en la piel argenta de la cual él ama.

   

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Página 24

Nocturno 35

Autor:  Marco Antonio Rueda Becerril
             Xalapa – México

NOCTURNO 35

Bajo la luna llena
te segaré como yerba fresca
y me regocijaré con tus aromas,
salpicados de deseo,
de besos fortuitos
amargos y dulces.

Te levantaré con mis manos
y te reconstruiré con agua de mis labios,
nubes alocadas que beberán de tus pechos.

 

 

 

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Página 23

Lances Geo-poéticos

Autor:  Diego Vadillo López
             Madrid – España

LANCES GEO-POÉTICOS

 

Un territorio de la República de las Letras había sido asediado, invadido y conquistado por unos procedimientos lingüísticos que instituyeron sobre aquel perímetro un reino muy prosaico al que pusieron el nombre de Lugar Común, el cual fue repoblado con distintos tipos de palabras a las que a su vez encuadraron en estrictas categorías gramaticales con las que crearon un tejido socio-lingüístico muy riguroso. En aquel reino fueron purgados todos aquellos términos implicados en licencias poéticas, en florituras estilísticas o en tropológicos contubernios, entre otras fantasiosas conspiraciones. Se impuso la precisión en el uso del lenguaje y se cortaron las alas a todo vuelo retórico. La imaginación quedó proscrita y bajo sospecha cuantos otrora pudieron emparentar con ella en un momento dado.

            Exiliados algunos conceptos implicados en hábitos estilísticos de sublimador cariz, otros que habían estado implicados en secuencias de un tenor harto experimentalista sufrieron una ardua represión tras la cual fueron encarcelados, para que no pudieran entreverarse en la sintaxis que impusieron para la nueva narración allí desarrollada, fundada en el viejo esquema “Sujeto-Verbo-Predicado-Punto y Seguido” que se repetía con ritmo marcial una y otra vez arrollando en su avanzar cualquier mínimo atisbo de literaria ensoñación.

            Cada día, los habitantes de aquel reino concebían ingentes nuevas páginas en las que quedaba contenido el letargo y rigidez consustanciales a una soporífera existencia literaria.

            Cierto día, las fuerzas de la imaginación, que habían estado pergeñando un plan de asalto al reino del Lugar Común, consiguieron sortear los pétreos muros que lo circundaban, asaltando la prosaica deriva allí instaurada y liberando a todos los elementos retóricos largo tiempo retenidos, con lo que quedaron desbordados los anodinos e insustanciales escritos que allí se fueron plasmando al dictado de las fuerzas vivas.

            Muchos elementos de Lugar Común se unieron a las fuerzas rebeldes; otras palabras, locuciones, sintagmas y oraciones huyeron para refugiarse en entornos lingüísticos a los que pudieran unirles ciertas afinidades poéticas.

            A Lugar Común se le llamó desde entonces Literatura Universal, virando la anterior estructura organizativa hacia un sistema asambleario en el que tenían representación las más variopintas fórmulas lingüísticas y quedando armonizadas incluso las más “a priori” excluyentes.

            Filólogos y críticos literarios historiaban entre tanto los avatares de aquellos y muchos otros lances geopolíticos que se producían a toda hora en la inmensidad que representa la República de las Letras.

                                

Revista Dúnamis   Año 11   Número 17   Marzo 2017
                                   Páginas 21-22

Venganza

Autor:  David Pérez Núñez
             Sto. Domingo – R. Dominicana

Venganza

La venganza tiene a veces un sabor metafísico, íntimo, personal, puede no suceder en tiempo real, pero en tu interior acontece de tal modo que lo puede palpar. Fui desde muy joven un desastre con las matemáticas, no podía establecer conexión, ni asociación con la lógica numérica, por lo que una vez pasé por la amarga experiencia de hacer el ridículo en pleno salón de clase ante una operación bastante simple, el profesor se mofó inmisericordemente de mi torpeza, sudaban mis manos, miraba a mis compañeros de aulas, como si yo estuviera en un escenario, incapaz de articular un discurso, el tiempo que duré sobre esa tarima pareció infinito, al final una niña que se sentaba al lado de mi pupitre se levantó, llegó hasta el pizarrón y resolvió el problema en un minuto, volteé el rostro buscando la cara del profesor y vi en sus facciones la satisfacción de haberme hecho pasar por tan embarazoso momento.
Decía en un principio que la venganza tiene un sabor muy personal y que uno la puede arreglar de tal modo en nuestro interior que solo uno sabe que se realiza. Pues luego de aquel instante yo me retiré a mi asiento, el último de la fila, el profesor consciente de su éxito sobre mí, decidió copiar una tarea en el pizarrón, como no alcanzaba a escribir en lo más alto, tomó una silla y subió todo su pesado cuerpo sobre ella, lo veía casi danzar, ordenar una hilera de números en forma de jeroglíficos algebraicos, yo mientras tanto organizaba mi venganza, miraba sus pies, el frágil pupitre que lo sostenía, entonces en un descuido lo vi resbalar, buscar con su mano velluda una cuerda imaginaria con qué sostenerse, en los breves segundos en que pudo mirar al resto de los alumnos, antes de llegar al suelo, alcanzó a ver mi rostro como se regocijaba al verlo caer, todo esto sucedía en mi interior, nadie más se percataba de esta estrepitosa y ridícula caída, solo yo era dueño de esta venganza, todavía hoy cuando la recuerdo, lo veo rodar, rodar sin fin.

                                

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Página 20

Selene

Autor:  Daniel A. Contreras Castro
             Villavicencio – Colombia

Selene

La señal había sido dada hace unas cuantas horas y se suponía que todos debían volver a sus aposentos y esperar el nuevo día… Al parecer alguien tenía otros planes. Sus pasos eran suaves y tenues, pues no quería despertar a nadie; ya era tarde y debería estar en cama junto a los demás. El silencio retumbaba en los pasillos a medida que la luz del pequeño candelabro que le servía de guía irrumpía en la oscuridad que se apoderaba de éste lugar sepulcral; el cual de día se proclama la iluminación de la paidiá.
La hora se acercaba y me urgía salir en su búsqueda; no podía pasar la noche -como todas las demás- sin descubrir si le encontraría de nuevo. Como siempre, al llegar al piso más alto le veo contemplar el firmamento, mientras sus manos se posan sobre el lienzo que parecía siempre llevar y su mirada se perdía como aquel que ve al invisible…
Estando tan cerca deseaba saber que cautivaba su corazón; y la movilizaba a venir cada noche a éste lugar. Decidí, caminar hasta donde se encontraba; cada paso era más rápido. De repente, se oye en el profundo eco del silencio; un estruendo precipitoso que me llevó el corazón a la boca, pero, al volver a buscarla con la mirada, había desaparecido… Y al pararme desesperado en donde se encontraba, en el borde de la ventana hallé su lienzo… su obra y un mensaje -al respaldo- que decía: Selene, vuelve otra noche.

 

                                

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Página 19

No hay nadie

Autora:  Domnița Neaga 
                Urluiu – Rumania

No hay nadie

No hay nadie que me abra la puerta
a mí, que siempre la tengo abierta;
he perdido la llave,
o alguien me la ha robado,
pues recuerdo haberla tenido en mi poder…

Necesito la llave
porque adentro es cuando soy más yo,
sin plata, sin oro, sin tesoro…
solo un racimo de poemas
que ordeno en uno u otro lado
y a los que sacudo el polvo.

Nadie me toca la ventana
de la planta tres…

Hago un café para los amigos;
ellos me mandan una noticia
en el último momento
mediante una paloma mensajera
diciendo que tiene irse
en un instante, sin maletas,
así que no tengo que esperar a nadie…

Ya me esperarán ellos;

No tengo por qué tener cuidado;
me relajo por tal motivo.
No hay nadie…

 

Traducción: Eugenia Dumitriu

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Páginas 17-18

Creación

Autora:  Giann-Poesía
               Buenos Aires – Argentina

Creación

Ensimismado el corazón
de bosques, mar y cordilleras
se sienta y habla
con el pulmón de la pradera,
en tanto la plática se extiende
más allá de las sabanas
avizoran encantos sobrenaturales.
Desde sus ojos voraces
desbordado de jungla, selva y arboledas
la niña de sus ojos huye traviesa,
se cuela en el iris azul pardo
a un codo de remanso en la represa
se baña de encantos sin premuras,
sin importarle si su alma va desnuda.
Cual caja de pandora abre la boca
sedienta bajo un cielo que a cantaros
sin avisos al universo se desploma,
Toda frente erguida en la loma
despeina de sueños sus ideas.
Se respira humedad de huertos
y los jardines yermos
perfuman la floresta sus desiertos.
De bruces muerde el sentido toda ansias
y el cuerpo, ente de lo más sagrado
en goce dulcificado sin retraso explota.
Entre las suaves caricias del tiempo
a carcajadas un amasijo de barro cobra vida.
Es entonces cuando los ancestros se postran
ante la virgen y deslumbrante aurora
que al son del nuevo día ofrenda vida
y toda creación se hace presente sin demoras.

   

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16   Marzo 2017
                                   Páginas 15-16