Cuando el viento te habla

Autora:  Ana B. Bardales S.
               México D.F. – México

 

Cuando el viento te habla

Estaba allí parado en medio de la calle desértica. Era él ante sí mismo, sin alguien que le estorbara en el camino o le hiciera moverse. De pronto, el viento le habló, muy quedo, en el oído y sus palabras le traspasaron el alma. Sí, era un ser despreciable, y él lo sabía muy bien. Cuando se inició en esa vida de odio y maldad, nunca pensó que podría llegar tan lejos, sobrevivir al propio repudio, pero habían ya pasado veinte años y al parecer lo había logrado. Para ese entonces, habría matado a más de cincuenta a sangre fría y de frente, porque eso sí, ser cobarde no era propio de él. Además de que prefería ver los rostros de sus víctimas mientras morían. Ah, pero esas personas a quienes entregaba a la muerte no eran cualquier persona. Él jamás habría matado a un niño, por ejemplo, porque en ellos sólo se podía hallar pureza y bondad. No, matar porque sí no era su estilo. Él sólo mataba cuando sus víctimas eran vivos que llevaban la señal de la muerte, cuando eran asesinos como él, cuando sus corazones se habían podrido en medio de actos viles contra inocentes. A esos era a quienes él atacaba con su más profundo sentido de justicia, a esos que no merecían ni una lágrima ni el perdón. Él tenía muy presente que algún día sería su turno, que la vida le reclamaría tantas muertes y que cuando eso pasara él lo arrostraría sin miedo, con la impavidez que lo caracterizaba. Qué más podía hacer, era su destino, era el destino de todos aquellos que se dejaban envolver en el manto de la oscuridad, de los que tomaban la decisión de ser perversos hasta tocar fondo y conocer su lado más oscuro, la cara que no se muestra al mundo a menos que algo nos arroje a ello, a menos que pidamos justicia y no la obtengamos y tengamos que ir tras ella con nuestras propias manos… Sí, ese hombre envejecido y corrompido era él, el que se había quedado sin una pizca de misericordia y que había vendido su alma pura a cambio de venganza. Su pasado lo seguiría adondequiera que fuera, la sangre en sus manos jamás se borraría, porque había traspasado los poros de su piel y se había metido muy hondo en él. Ahora él era un asesino más, un hombre lleno de rencor y de furia, un ser vengativo viviendo por y para la venganza, un muerto en vida que temía cada vez más de sí mismo, que no encontraba paz en ningún lado, que huía siempre de él mismo y siempre se encontraba frente a sí, mirándose fijamente a los ojos sin reconocerse en ese cuerpo, en ese rostro, en esa mirada… De nuevo estaba frente a frente, ante su propio yo, en esa calle desértica donde el viento habla en voz baja mientras la Muerte se va acercando lentamente hasta quedar a unos centímetros de su víctima y dar el golpe final, porque Ella como él nunca deja de ser un asesino.

   

Revista Dúnamis   Año 11   Número 17   Mayo 2017
                                   Páginas 19-20

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