Monthly Archives: April 2017

La Confesión de un Incendiario

Autora:   Susann Lobato Hoyos
                Lima – Perú

La Confesión de un Incendiario

Sé que mi nombre recorrerá, siempre unido al de la diosa, todos los caminos que el tiempo decida delinear en el espacio, y sé que esta conjunción será motivo de asombro y desprecio. Solo quiero dejar que la verdad emerja de las grietas de este cuerpo martirizado por el verdugo, con la esperanza de que se comprenda mi propósito.

Es cierto que más de una vez me echaron del templo porque intenté desvelar su rostro sagrado. No mienten los que afirman que solía fundirme con la multitud en las procesiones que se hacían en honor a ella. Admitiré que, aunque los embates de la sensualidad nunca pudieron doblegarme, se me negó el honor de convertirme en sacerdote de la diosa de la castidad y la luna. Comprendí que solo podía seguir sirviéndole desde el lugar al que me confinaron. Desde la ladera del Koressos, vigilaba incesantemente la casa de la diosa; una construcción tan imponente que parecía alzarse más allá de las nubes y que no palidecía ni ante el esplendor del sol estival.

La fama del templo atrajo visitantes de cada rincón de Jonia, incluso extranjeros que atravesaban el mar para ver a la diosa y ofrecerle ricos presentes. No era raro ver el serpenteante desfile de numerosas estatuas, arcos dorados, pinturas magníficas y hasta alfombras persas. El olor atroz de los sacrificios solía cubrir de pureza toda la ciudad y se elevaba hasta llegar al Olimpo.

No sé si fueron los excesos lujuriosos de las Catagogonias, o las sugerencias veladas de adoradores de la voluptuosa Ishtar, lo que propició la inserción oficial de esclavas sagradas en el templo. En el recinto que resguardó a las indomables amazonas de la furia de Dionisio, se permitiría que estas hetairas yacieran tibiamente con hombres que pudieran ofrendar descomunales fortunas. ¡Se atrevían a infundir la ponzoña de la lascivia en el santuario de una diosa casta! ¿No temían despertar su legendaria sed de venganza?

Después de ser testigo de esta imperdonable profanación, no necesité que la cazadora del Olimpo interrumpiera su sacro silencio para saber que debía acrisolar su casa. Es sabido que el fuego aplaca cualquier impureza y comprendí que, como el más ferviente de sus siervos, estaba llamado a cumplir tal empresa.

El brillo de la luna había cubierto de plata el pequeño riachuelo, cercano al templo. Los guardias estaban entregados al sueño. Decidí que era el momento propicio. Tomé una antorcha sagrada y atravesé el bosque de columnas robustas. La imagen de la diosa frenó mi vertiginoso recorrido. Su velo purpúreo era una delicada barrera que decidí traspasar. Mis labios rozaron su rostro nacarado y acaricié sin prisa sus magníficos pies de cazadora. La Señora de Éfeso me ratificó con su silencio que era preciso acendrar su santuario.

Apartando la vista de su presencia etérea, permití que el fuego besara las canastas con frutas primaverales, los velos dorados, las suaves alfombras, las incontables estatuillas y los oscuros pergaminos de Heráclito (indescifrables para un pastor, como yo, al que no se le reservó el arte de la escritura). Con rapidez inusitada, el fuego lamió las blancas columnas y se encaramó en los capiteles, devorando por completo la bóveda. Las terracotas, que engalanaban el techo, empezaron a desfigurarse por el abrazo nervudo del fuego y los estallidos de la tejas retumbaron por todo el templo. Me aferré, con fuerza titánica, a los pies de mi Señora para recibir la muerte como el más fiel de sus hijos. Sentí que las álgidas manos de Hades me rodeaban, arrastrándome lentamente al vacío; lloré de gratitud porque se me había otorgado la dicha de morir por la diosa, a la que desde mi nacimiento estuve castamente consagrado.

Los primeros rayos de la mañana descansaron tímidamente sobre las ruinas humeantes del otrora espléndido recinto.

—¿Qué confesó Eróstrato, el pastor, antes de morir torturado? —inquirió Artajerjes al jefe de su guardia personal—. ¿Por qué destruyó el templo que abatía con su majestuosidad los palacios más formidables?

—Por la fama solamente, mi señor —respondió con premura un sacerdote de Artemisa.

 

 

 

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16    Marzo 2017
                                    Páginas 5-6

El Cisne

Autor:  Azul de Cianuro
             Puerto Armuelles – Panamá

 

El Cisne

 

¡Oh, cisne!, en tu garganta duerme el arpa
que salmodia los versos del ayer,
ves rugir a la luz que tenue zarpa
esperando volverse amanecer.

Tu sentir por el lago crece y crece,
te engalanó Rubén de sinfonía
como la blonda aurora que fenece
y resucita hecha poesía.

Consagrado a la venus de los griegos
fue tu sustuosa *bláncura de nieve.
Tirad de la carroza de los fuegos
que tu alma un vuelo onírico soleve;

a los campos elíseos marchad,
acompazad al blanco de los cielos
tus grandes alas llenas de beldad,
soltad con tal denuedo tus anhelos.

(¡Oh, cisne!, ¡oh, sacro pájaro lacustre!)
no eres ave de lengua castellana,
ni ensalsas la palabra ardua e ilustre
que atesoran los bardos del mañana.

En aguas solitarias por los juncos
ha de buscarte el velo del ocaso
con su ósculo emblemático y bayunco
y sonará tu canto en ese ocaso,

como en otrora la lira del Apolo
por tus alones fuese sostenida
y llevadó en armónico *tremólo
se escuchose tu ánima tundida.

¡Quién fuese como tú!, con ese encanto
que a Leda enamoró en un descuido.
Al legarlé las flores de un acanto
y posar en sus senos su libido.

¿Quién encarnará el gen de tu conjuro,
cuando tu blanco muera en el confín
y quedé el lago lóbrego e impuro
huérfano de la voz de tu clarín?

¿Quién, (¡oh cisne!), ave errante y de ensueño
que fue numen de Ovidio y de Platón,
entre otros; vestirá con tu diseño?,
¿quién, majestuoso cisne cimarrón?

 

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16  Marzo 2017
                                   Página 3-4

Editorial del Décimo Sexto Número

 

CASA FIRME

 

            Empieza para nosotros una nueva década, nuestra travesía para abrir brecha continúa. La primera pisada en esta nueva etapa fue al lado del Centro Pro Arte de España, cooperando en la exitosa presentación de su Estación Peruana de Poesía Gráfica. Continuamos adaptándonos al flujo del tiempo, el cual continúa con sus giros repentinos, algo propio de este siglo. Ese discurrir agitado y acelerado nos va llevando a pasos agigantados, que en aquellos años universitarios cuando empezamos, no pudimos vislumbrar. Hace un año constituimos DUNAMITAMEN ASOCIACIACIÓN CULTURAL, yendo en concordancia con este rumbo de interconexiones sin fronteras que están dándole un rostro impensado a nuestro proyecto.  Ya ciertos pasos anuncian lo que aguarda en el horizonte, como lo fue el ya mencionado evento del 04 de Enero, y como lo serán los números que iremos entregando este 2017, entre otras sorpresas.

            Dúnamis, como de costumbre, fiel a su esencia de recoger la fuerza constante de los talentos del presente, no se detiene en esta su tarea. Esta tienda de campaña que pudiera haber parecido improvisada se va afirmando, una casa firme es pos de lo alto. Varios de los  grandes talentos que hemos ofrecido a nuestros lectores, se van acomodando aquí a gusto, aportando con letras y alma, para grabar un nuevo capítulo de esta generosa aventura. Bajo esa misma dunámica, nos continuaremos extendiendo, un círculo ígneo en constante dilatación como ya hemos dicho, ofreciendo una variedad cada vez más amplia y rica de propuestas a la altura de nuestro distinguido público.

            En la presente entrega tenemos una vez más el agrado de proseguir con la vía iniciada hace poco más de una década con la Pequeña Oda a la Literatura de Zandor Zarria. Continuando con aquella plausible reflexión sobre el arte en sí cuando aparecimos en escena, una vez más Alexander Anchía nos brinda un ensayo, con una oportuna reflexión sobre nuestra presente condición como sociedad. Escritores y lectores no podemos perder de vista  que el desarrollo de la artes siempre ha emanado desde las entrañas del espíritu de la sociedad que forjó cada época.

          Tenemos una vez más el placer de contar con la participación de nuestros invitados Diego Vadillo y Raul Galache. Asimismo tenemos en esta ocasión el agrado  de acercarles una vez más a las letras de una vieja conocida; tras su paso en nuestro tercer y cuarto número, “Circe” nos trae en esta entrega, además de su Confesión de un incendiario, la reservada confesión de su identidad. Grata sorpresa para quienes se habían resignado a tal misterio.

         Y así con estos nuevos vientos, si acaso todavía queda en alguien duda alguna sobre lo que hemos venido a hacer con este cosmos, tenemos para ellos una sola palabra: dunamai, capacidad, nos sobra…

 

Emanuel Silva Bringas
            Director

 

 

Revista Dúnamis   Año 11   Número 16    Marzo 2017
                                    Páginas 1-2