Monthly Archives: January 2017

El Bueno y el Malo

Autora:   Julieta Yael Gutman
                Buenos Aires – Argentina

 

El Bueno y el Malo

Esta es la gran historia de mi vida. Es donde empieza todo, mi dolor mi fortaleza, mis miedos y hasta mi rencor. Mis primeras páginas eran sangrientas, contaba números manchados de sangre. Contaba personas que aún seguían andantes. Estaban todos ahí gritando, podía sentir como mi cabeza retumbaba, podía entender que de muerte se trataba. Mamá lloraba y pedía a Dios que oremos por las almas de aquellos inciertos.
No faltaba el curioso ni dramático que no asome su cabeza por la ventana para ver lo que estaba por pasar. La gente gritaba por todos lados. Los gritos eran tan fuertes, eran cientos de persona diciendo no, ¡no lo hagas! Me fui al pasillo, no entendía por qué nos alejamos de la ventana, pero estábamos en el medio de nuestra casa, donde las balas no podían llegar, ni piedras. Era el lugar más seguro. Me arrodillo y pido a Dios nos ilumine. Realmente no entiendo toda la desesperación afuera y por qué mamá llora sin cesar. ¿Qué pasa? ¿Quién está ahí?
Han pasado 20 años y aunque sea buena mi memoria, mis recuerdos se nublan. No puedo recordar con claridad lo que de mi mente ha tratado de borrar por todo ese tiempo. ¿Qué pasó esa noche? ¿Fue esa noche o fue después? ¿Fue tan dramático como lo recuerdo?
De repente alguien grita debajo del edificio llamando a mi madre. Vení.
Mamá empezó a llorar. Él estaba mal. Pero había un destino y ya se sabía su final. Una iglesia y un ángel sobre un cajón, llanto por todos lados. Mamá no deja de llorar, pasan los días, meses y mamá ni puede escuchar su nombre. Aún lo recuerdo con su voz cantando. Él era el bueno. Solía venir a casa con su hermano a tomar la leche. Solía adorarnos, era uno más del clan familiar. Era una luz en medio de la oscuridad.
Pasaron los años y tomó tiempo recuperarse de la perdida, aún se veía su sonrisa por todas partes. Solía agarrar un micrófono y sacar mi parlante por fuera de la ventana. Saludar a la gente al pasar. Creo que fue la inocencia de ser pequeña. Saludaba a los andantes, les deseaba un buen día. Me gustaba decirles que estaba ahí con ellos y

que podía verlos al correr las horas del día. La vida nos fue arrebatando tesoros lentamente, pero aún lo recuerdo con su picardía y su jean blanco. Él era el malo, aquel que se sentaba por fuera del local de mamá.
Nunca le faltaban los suspiros de las chicas. Siempre alguien lo rodeaba y era razón de envidia, ese moreno de ojos marrones. Se había alejado y no solía venir tanto a tomar la leche, pues no le permitían que venga tanto con nosotros. Las calumnias y farsas eran un rol importante en nuestra relación. La maldad y codicia alejaban a un ser de luz de nosotros. Tampoco lo recuerdo con claridad, y otra vez se repite la historia porque ya se sabía que aquellos que nacen juntos, juntos se van. Su hora estaba ahí y aunque hicimos todo para impedirlo, otra vez estaba escrito su final. Su muerte aún me es incierta. Hay quienes dicen que saltó, otros cubren lo que el diablo causó. Un joven moreno de ojos marrones reposa sobre un árbol. Bajo la ventana del dormitorio de su abuela está.
Mamá aún no sabe nada, siempre es la última de enterarse de lo malo. Otra vez gritan debajo del edificio. Mamá se vuelve a ir, esta vez no es una iglesia, y no es porque este sea el malo. Descansa su cuerpo en casa de su padre. Una mujer sale de en medio de aquellos edificios en gritos y llantos gritando no. Rápidamente la van a socorrer. Yo no puedo entrar a aquel lugar donde él ha de descansar. No quieren que me haga mal. ¿Qué habrá adentro que tanto puede lastimar?
Y así el también llego a su final. Porque los que juntos llegan, juntos se van… Aún escucho sus voces, del bueno y el malo. Esos morenos de ojos marrones, y aún puedo ver sus sonrisas picaras. Los escucho cantar, entrar a mi hogar, y de repente miles de imágenes me visitan. Me tienen en sus brazos. Me dan besos. Me sonríen y me abrazan. Ese jean blanco le pone luz a tantos momentos oscuros. Así se fueron, ellos mis tesoros. Ángeles que vinieron a darnos buenos y malos momentos. Entra mi hogar, vieja canción que solían cantar, mis tesoros, mis primos, dedicado a ellos.

Claudio y Víctor gracias por haberme querido los amaré por siempre.
Y a mi tía Elsa. 16/3/2016 Ahora se vuelve a reunir con ellos.

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
 Páginas 15-16

Piano

Autora:  C. Siomara Henríquez de Goldman
                Morazán, Yoro – Honduras

PIANO

Virtuoso solista…,tanto vales
con tus cuerdas agudas anidas
y nos suenan tus palabras fluidas
al zurcir oídos en portales,
presionando puentes por iguales
Con terneza pulsas las heridas
y tiemblas al suspirar las vidas
Le ganas la falta de alegría,
liberando el agua y su armonía
al defender la rosa dormida

Refulge la música del cielo
y proyecta en lábil armonía
al alma con fina melodía.
Llega y le viste al endeble velo
afinando su nota del suelo
le despierta la suave energía,
otorga canción y cortesía
En plácido romance y sonido
al conciliar las almas sin ruido,
disfrutan amor de poesía.

Música aplega al océano
al flipar con learco la mente
y sus notas galantes afluentes
dinfonicas y sedientas manos
al envolver con ritmo al hermano.
penetra su fulgor muy congruente
con honores transmite un ambiente
de romance distinto el teclado
juntando la fineza en privado
al delibrar sus notas, se siente

 

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Página 14

El Retrato Maldito

Autora:  Dulce Victoria Pérez Rumoroso
               Avilés – España

EL RETRATO MALDITO

A lo largo de la historia, muchos fueron los que intentaron sin éxito, deshacerse de ese retrato.
Alejandro Magno, Napoleón Bonaparte, Hitler… El motivo de sus muertes sigue sin esclarecerse. Hay quien dice que los ingleses, mostraron a Napoleón en su destierro en Santa Elena la imagen y a las pocas horas falleció.
El retrato fue enterrado, arrojado al mar, quemado, destrozado… pero siempre aparece de nuevo en perfecto estado.
Todas aquellas personas que observan durante algunos minutos ese terrible rostro que, parece absorber el alma, serán condenadas a una muerte inmediata.
En la actualidad se está difundiendo por las redes sociales, y los centenares de víctimas van en aumento.
Pudo con emperadores, gobernadores y con siglos de historia pero a día de hoy sigue indestructible y causando la muerte.
Esta humilde redactora se despide, consciente de su fatal destino…

 

   

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Página 13

Lumbral Ajado

Autora:  Fátima G. Farhán Villalobos
                Ovalle – Chile

LUMBRAL AJADO

Corriendo por las cascadas
a las puertas de tus abismos,
hasta tus balbuceos de torrentes
tras ecos de esquirlas de alba.

Al entrar en tus compuertas
preparando su arrullo de amante,
palidece su parda fortaleza
en redes de argento y aljófares.

Y olmos tengo en mis alamedas
que hasta los celajes se levantan,
para ataviar tus vísceras infames
y aderezos para mi vergel desflorado.
Yo te daré límpida corriente
y perfumes ancestrales,
cuando mi jungla tala espumosos torrentes

Y tu mi maestría eres;
de hálito sonante henchido de aromas
de bélicos deseos que bullen y deliran
lívido, indomable al delirio de amor.

Desaguaban las belfas estrepitosas,
cobas en transparencias purpurinas,
tras los oyes del solfeo de celestial reposo,
con el viento sus fibras conmovían.

Y mis fuentes de alquimia serpenteaban
transmutaciones de heroína,
hiela mi deseo punzante de ardor
ante tus sentidos cual ajado lumbral.

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Páginas 11-12

Perspectiva

Autor:  Alexander Anchía Vindas
             Barrios del Sur, San José – Costa Rica

Perspectiva

Al amanecer comencé a repetir lo que otros hacían, a reírme despreocupadamente como los indigentes, a inventarme personajes de la historia sin ser actor, ni malabarista, ni danzarín, pero me gustaba hacer lo que otros hacían: aprendía y vivía al mismo tiempo. Cierto día abrí los ojos, me echaron de un hospital, me dieron una palmadita en el hombro y de pronto me vi metido en medio de una camisa de fuerza disfrazada de traje entero y un automóvil lujoso, donde tenía un itinerario estricto y debía de ver a gentes de plástico, con un hedor típico del hielo, entonces pensé que cuando me despertaron de aquella cama fue el día de mi muerte.

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Página 10

Domingos

Autora:  Beatriz Rastaldo
                Cañada de Gómez – Argentina

Domingos

El domingo me espía
desde todas las ventanas.
Mientras cocino arroz
el sol refleja las hornallas.
La vida hoy tiene
color a semana.
Hay ropa que lavar
Hay ropa que planchar.
El patio que baldear
…rutina de entrecasa.
Merendar en familia.
Libros por leer.
Teclear en internet.
Sacar a caminar
al peludo ladrador.
El Domingo anda suelto
en una hoja en blanco
para escribirlo
como tenga ganas.

Deletreo.
Domingo.
Hay cierta paz
rondando
los faroles apagados.
Al jornada perezosa
transita en los relojes.
El sol vistió la mañana
con ribetes girasoles.
Domingo
el ocio creador
ladero a mi inquietud
es un desafío sin culpas
al desorden matinal..

El domingo tropieza
con su hora más ciega.
La tarde se aquieta.
Anochece.
Yo me aquieto.
Anochezco.
Se trepan por las cortinas
ruidos callejeros.
Ladridos de perros callejeros.
Historias callejeras.
Me ausento
. ..soy solo una fracción de mí
en la levedad de un tiempo
en los relojes.
…o mucho menos.

Domingo.
Dormilón.
Desganado.
Ventoso.
El sol
quiebra
su tibia sombra.
El mediodía
pondrá,quizás,
los puntos y las comas
a las horas
que mis pasos escriban
en las antesalas
de mis huidas.

Domingo.
Febrero.
Hosco. Tramposo.
Pocas palabras
rondaron
latitudes de un verano cansino.
Nada que recuerde mañana.
Nada que quede
en el tintero de la memoria.
Cuando pasen los días
este Domingo se habrá borrado.
Será un día perdido
vacío.
Padecido casi…
Hasta que algún Domingo
yo ya sea un recuerdo ajeno.
…el Domingo no tendrá entonces
su añeja contrincante.

Domingo.
Llueve
…escucho
chaparrones enojados
lavar los tejados.
La radio
trae vocea difusas ,
música olvidada.
La nostalgia me habita.
Mi perro duerme
abrigado y tranquilo!
Poco que hacer.
Pocas ganas.
Poco que decir.
Pocas ganas.
…mientras el Domingo
se escribe solo
…en las veredas mojadas.

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Páginas 6-9

Mi Ceguedad

Autor:   Jsoe Batazos
              Valencia – Venezuela

MI CEGUEDAD

Tras la bruma, en el norte de la nada,
en donde se origina el horizonte,
el océano baña al piedemonte
de una sierra que enfría un manantial.
Las gaviotas se cuentan por millares
y visten de escarlata sus copetes;
el plenilunio luce sus aretes
de diamante que espeja el arenal.

Sepa el humano que, al pisar sus costas,
no se permite andar con vestimenta,
la humildad de los hombres se fomenta,
desviando del edén la vanidad.
Yo quise embotellar sus aguas dulces,
robarme las esporas del helecho,
traerme las estrellas a mi techo
y no se arrepintió mi ceguedad.

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Página 5

El señor Káiser

Autor:  David Pérez Núñez
             Sto. Domingo – R. Dominicana

El señor Káiser

Al menos para mí era un escape ir hasta la casa del señor Káiser. Solo yo sabía del placer inmenso que me producían las conversaciones que, de tarde en tarde, sostenía con ese hombre que todos daban por excéntrico. Algunos de mis amigos empezaron a sospechar que había perdido el juicio. Pero yo no había advertido nada raro en él. Hasta el día en que, por primera vez se refirió al poder de las palabras; sin saber cómo, me di cuenta de su pequeña estatura y de lo extraviada que era su mirada. Su rostro resplandeció, me explicó que tenía, en distintos estantes, clasificadas de acuerdo a su tamaño, color, forma y peso, las palabras más diversas, ordenadas por el peligro que conlleva su mal uso. Palabras que inspiran dolor, respeto, amor o desprecio, estaban colocadas en los estantes de acuerdo a sus características particulares. Él era consciente de lo que decía y, del único modo en que yo podía penetrar su mundo inanimado, era dejándome llevar del poder envolvente de las historias que me contaba.

La casa del señor Káiser se levantaba sobre un solar amplio y tupido de malezas, con dos escaleras exteriores en su frente que terminaban en una terraza ancha rodeada de helechos. Hacia el interior, una sala opaca con muebles raídos y cubiertos de polvo vencido por el descuido de los años, se anteponían a tres aposentos con ventanas cegadas a la luz del día. En uno de esos aposentos me señaló, sobre un espacio imaginario, en qué lugar tenía la palabra mentira. La describió de un color anaranjado, arrugada por los bordes, y de una levedad especial. De ese mismo estante tomó entre sus manos, con mucha parsimonia, la palabra ternura. Me la mostró así en el rostro. Le pude ver el azul cielo; tenía la textura, suave y acariciante del lino.

No niego que cada vez mis visitas se hicieron más frecuentes. Solíamos quedarnos a revisar, diccionario en mano, después de un trago de licor o de varias tazas de café, el sentido profundo de algunas palabras que se tenían por inaccesibles.
Los helechos nos salvaban del mundanal ruido de la calle; en esos instantes el tiempo no existía para mí, y mucho menos para el señor Káiser. Vivíamos si se quiere en un remanso de paz. Todo fue así, hasta el día en que me mostró la palabra suicidio. Ese día lo sentí atribulado, incapaz de externar cualquier palabra que no estuviera ligada al desasosiego. Me llevó hasta la habitación donde colgaban, en un estante mucho más alto, palabras que él consideraba de alto riesgo, y señalando con su mano izquierda pidió que le entregara la palabra suicidio. La tomé con mucho cuidado. Era pesada, de un color púrpura, vacía en su interior; pero tenía un misterio que aún hoy no logro descifrar. Pero que al acercarme a él, diría que era como el llamado a un abismo dulce y angelical. Las piernas me temblaron. Sin darme cuenta, ya estaba sobre el techo de la casa del señor Káiser. Miraba desde lo más alto el mundo que se me ofrecía a través de esa palabra. Creo que si no me desprendo a tiempo de su mano hubiese dado un salto al vacío. Desde entonces no he vuelto a visitarlo; sin embargo, en tardes de profunda melancolía, he querido penetrar sigilosamente en la casa del señor Káiser y robarme aquella palabra de color púrpura.

                                

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Páginas 3-4

Privilegio

Autora:  Domnița Neaga 
                Urluiu – Rumania

Privilegio

Te esconderé aquí,
Tras mis sábanas
De hojas
Y de calor olvidado tras tu marcha de mi lado.
¡Se esconderá tras el cansancio
Tu cuerpo de sal!

Ponme otra vez un CD
Con buena música,
No esperes ni un mes más,
Ni una semana…
Mejor escríbeme
Una carta
Como una flor crucificada
Con los pétalos
De todas tus mentiras…

Y no me digas nunca:
ˇMy Loveˇ,
Porque entre nosotros no hay
Nada
Despues de tanto tiempo.
¡Más despacio…!

 

 

Traducción: Eugenia Dumitriu

Revista Dúnamis   Año 10   Número 15   Noviembre 2016
                                   Página 2