El Caso de David Cohen

 

 

El Caso de David Cohen

(IV Parte)

La sala quedó en un completo silencio. Las miradas de todos chocaban. David sostenía mi mano aun más fuerte. Sus lágrimas mojaban sus mejillas, su madre estaba colorada y a su vez desconcertada. La parte demandante quedó boquiabierta, nadie entendía si era real lo que pasaba en esa sala…
Sentía cierto dolor en mi interior, no podía ver a ese hombre derrumbarse frente a mí. Verle frágil me lastimaba. Ted no duda en alzar su voz a gritos: ¡Mentiras! Eres un farsante. Tu conciencia está sucia por abandonar a tu hijo, ¿ahora para remendar el error te culpas? El juez pide silencio en la sala. Un gran alboroto se arma.
El juez me cede la palabra y asimismo yo se la cedo a Jacob: que argumente su historia, que cuente cómo, cuándo y porqué permitió que el tiempo pase. Jacob empezó a contar que David jugaba con Jessy más a menudo, y la nena tenía cada vez más confianza al llegar a la casa. El día que ocurrió todo David invitó a Jessy a tomar la leche, pero él estaba sucio, así que le dijo que debía bañarse para poder sentarse a la mesa. David con toda inocencia, obedeció.
David se fue y este no dudó en caerle a la niña sobre ella. David volvió a la cocina al escuchar gritos, y al ver lo que estaba ocurriendo empezó a gritar. Jacob le dijo que debía guardar silencio. A todo eso la nena había quedado inconsciente por un golpe en la cabeza que le dio Jacob porque esta gritaba. David salió corriendo y Jacob pensó que había ido a pedir ayuda, a denunciar su acto. Se enfadó tanto Jacob que se encegueció al no saber salir de esa maldita situación.
La apuñaló hasta que esta no respiró más. Jacob no sabía cómo sacar su cuerpo de la casa ya que en la cochera tenían cámaras, las mismas que captaron a David corriendo asustado y a Jacob tras él. Cuando David volvió a la casa no habló del tema, hicieron como si nada. Como que David quiso borrar ese episodio de por vida.
“Jamás me deshice del cuerpo, y la excusa perfecta era David. David tenía quince años, solo lo juzgarían como menor, estaría en tratamiento y al cumplir su mayoría de edad sería liberado. Yo, si confesaba ponía en riesgo toda mi vida… Jamás imaginé que la pena que le darían sería tan grande y menos que sería juzgado como un adulto.”
Nadie realmente cree las palabras de Jacob en el juzgado. Pero hay algo que jamás pidieron. Afirmaron que David era culpable por su actitud, por su miedo, por su comportamiento. Y tal vez en cierta forma lo ha sido…
“Tengo el video de cuando todo ocurrió. Se ve a David salir corriendo y se me ve salir a mí detrás de él, ensangrentado.”
El juez pide ver el video. Y es ahí donde ven que David había salido de la casa, se podía ver a David corriendo espantado y a Jacob con un cuchillo en la mano intentando evitar que este se aleje. En la sala cada vez todo se ponía más tenso. David estaba esperanzado. El juez pidió un receso de 10 minutos.
Muero por fumar un cigarro, los nervios me están comiendo por dentro. Tengo un buen presentimiento pero hasta no saber que es real, no me puedo relajar. David me suplicó que me quede en la sala, que no quería que lo deje. El receso ya se terminó entre la duda de fumar el cigarro y dejar a David o quedarme ahí. Finalmente me quedé. El juez acaba de regresar; tiene la sentencia en mano. Ya está el veredicto, solo falta pronunciarlo. En mi corta experiencia, pero enriquecida, ya sé su final: por fin David obtiene su libertad y se reabre el caso, así fue.
David está súper emocionado, no volverá a pisar su maldita celda nunca más. Es un hombre libre, y aquí es donde comienza nuestra historia, mi historia con él. Viajaremos hasta Hallander, Florida, subiremos al piso 21, le serviré una copa de vino tinto mientras las luces de los edificios iluminan el resto del salón, pasaremos al cuarto después de algún que otro juego de coqueteo y uniremos nuestros cuerpos en una sola pasión. Puedo sentir como me toma del pelo, como me aprieta junto a él. Puedo sentirlo detrás de mí y puedo sentirme unida a él. Estamos amándonos, tenemos miedos e inseguridades. El divorcio de sus padres, hemos vivido cosas que nos han marcado… miedos que nos abundan, tristezas que nos traicionan. Solo sé que si va a ser, será…

             

                  Julieta Yael Gutman
             Buenos Aires – Argentina

                                    

Revista Dúnamis   Año 10   Número 11    Enero 2016
                                  Páginas 3-4

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