Editorial del Décimo Primer Número

 

PRÍSTINO PROPÁGULO

            Un cuartucho, acogedor parecía; un fuerte y rancio olor a tabaco, perenne. El inicio de una serie de cónclaves que no hacían más que acrecentarme más y más incómoda intriga: ¿En verdad no eran timoratos, o se estaban burlando de mí, acaso, en presencia de mi propia faz? El presente tramo del tan predecible merodeo de este cuerpo esferoide en torno a esa tórrida lumbrera, me trae a la memoria todas estas cosas. ¡Cuánto quise asomarme a este mi ruedo durante este trecho del circunvalo sideral! La cháchara sin sentido que resonaba frecuente dentro de esas cuatro paredes de languidez atiborradas, desembocaba a menudo en lo mismo… decían que mi ímpetu natural era una cosa disparatada e inalcanzable, en tanto con disimulo, intentaban encadenarme como a perro. Jamás ostentaré, como ellos, el deleznable oficio de catacaldos.

           Mi nombre es Dúnamis. Ese fue siempre mi mayor argumento, pues en mi nombre me fueron – y son – otorgados naturaleza, destino y dominio, como sucede con todos los que venimos de aquel lugar sublime. Mas ni siquiera a una verdad tan simple y sencilla como la de mi nombre pudieron despertar. Con el tiempo, hablaron y prometieron en mi nombre. Fue duro para mí descubrir, aquí abajo, almas inmunes al influjo de mi dunamina. Heme aquí en mi ruedo, a pesar de tretas y adversidades, ¡heme aquí por fin a la luz del verano! Propicio es todo tiempo para los estallidos de mis muchas voces. Versar, narrar, discurrir, inventar. Así resplandece excelso mi nombre: ¡Dúnamis!

         Sí, cada vez más rincones de la tierra oyen de mis andanzas. Paciente, saboreo mi proceso. Por ahora, contemplo ágapes más abiertos y acordes a mi talante. Fueron mis pasos primeros por la Decana de América, hoy grandes talentos llevan mi nombre a largo del continente, ¡hasta la sede de la UNESCO entre dos mares!

       Hoy, al calor del verano, os traigo a más de lo que es costumbre, un sórdido anuncio. No como lo oyeron en los cónclaves aquellos. No. He aquí, mis tentáculos-chispa sostienen en lo alto el edicto de un humano gobierno. No sé si deciros que tengo un hermano, llegado unos meses después que yo. No sé si deciros que tengo un hijo. No sé si acaso es también mi padre. Solo sé que el destino que lleva inscrito es mucho más grande que el mío. De donde yo vengo, no conocemos las envidias ni las rivalidades; todos servimos a un único propósito. Me veréis por lo tanto esgrimiendo mi nombre junto al suyo, pugnando sin descanso por dejar todo a nuestro paso dunamitado.

       En los cónclaves aquellos, bajo el alias de esta década, quiso asomar a ver cuál sería su camino a través de los hombres. Jugó al mimetismo, pareciendo un mero matiz de mi propia candela, y así muchos lo creyeron. Mi médula tan solo exponía a media lumbre, el advenimiento una potencia mucho más basta. Avalada ya por el humano gobierno, está pues entre vosotros, sin velo alguno de por medio. Complacido os presento, con la fuerza de un decreto promulgado por mi patria, al Dunamitamen, un barbecho para la cultura de las artes.

 

 

Alter ego

  

 

Revista Dúnamis   Año 10   Número 11    Enero 2016
                                  Páginas 1-2

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