El Psicópata

 

 

El Psicópata

Luego de ver a esa dulce joven con ganas casi escasas por vivir frente a él, sus ansias de matar se disiparon, extinguiéndose como las simples brazas de una llamarada indómita.

La piel más bella que había divisado sin la necesidad de tener que ejecutar ninguna flagelación. Levanta su mano extendiéndola tomando el brazo pálido de esta muchacha que impresionada lo miraba. No entiende porque se siente de tal forma, no sabe lo que es ese sentimiento de “cariño” que nunca vivió, su corazón muerto hace décadas dio una señal de vida en lo más adentrado de su pecho, un latido y esos ojos de la dulce suicida que habitaban frente a los suyo basto para que el alma más despiadada y asesina guardara los colmillos contemplando lo que tenía delante.

Sin más titubeo se despeja de sus preguntas llevando a la niña a su oscura pero elegante y sofisticada morada, capaz no entienden muy bien el motivo pero él la lleva y ella se deja sin temerle a este loco que para cualquiera, hubiera sido el protagonista de su pesadilla, para ella era un incomprendido, perdido bajo las estrellas de una ciudad ya con pocas esperanzas que esconde bichos raros como él.

Algo es seguro y es que estas esencias tan diferentes pero a la vez compatibles comparten algo más fuerte que un buen recuerdo, comparten su dolor y más sangrantes penas, lo único que busca él es curar las heridas de esa aterciopelada piel que lo enloquece hasta el punto de volverse una obsesión, y ella busca encontrar su confianza perdida en lo más profundo y antiguo de su existencia.

Cubiertos por una inmensa capa de estrellas bajo la noche, en la cama donde solo cumplían la necesidad de dormir encontraron algo más que hacer y entre los primeros besos y muestras de afecto sintieron un goce mayor que mutilar un cuerpo o autolesionarse con cortes, entre un nuevo dialecto que en vez de ser palabras se transformaron en gemidos, experimentaron el placer de disfrutar el cuerpo el uno del otro y esa llama del deseo los consume casi sin dejarlos respirar, en un sinfín de mutua y pura voluntad de nunca terminar. En ese viejo colchón que resuena su cometido, siente la monomanía el uno hacia el otro de tenerlo estar cercanos y que hallen el disfrute más exquisito y placentero sin la necesidad de matar o lastimarse, solo revivirlo entre sus caricias y sentimientos provenientes del tacto.

                     

                      Martín Germán Galvalisi
                     Haedo, Bs. As. – Argentina

                     
* Nota: El presente texto es una continuación al relato La Suicida, publicado  en nuestra edición de Agosto 2015.

http://dunamitarte.com/2015/10/28/la-suicida/

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 8    Setiembre 2015
                                  Páginas 26-27

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