Monthly Archives: December 2015

Nana Ramona

 

Nana Ramona

De mi bisabuela Ramona, no puedo contar más de lo que quisiera. Desde que recuerdo, ella era una mujer mayor, bastante mayor; ciega y confinada a una cama hasta esos últimos días.
No la conocía de hace tiempo, ni tuve la forma de entablar el dialogo, pues era un niño, con bastante sensibilidad al sufrimiento ajeno y eso me obligaba a distanciarme.
Recuerdo que ella miraba por tactos. No sé cómo se desarrollan esos dones, pero pasaba de alto su ceguera cuando abría las pupilas en sus dedos. Me paraba frente a ella -mientras se acomodaba en su cama- y en silencio miraba sus gestos; sus gritos que sacudían la casa de La Miama y esa morena piel que en ella colgaba; parecía columpio sin frenos. Parecía no tener peso ni distancia.
Mi madre decía:
¡Amá! -y la tocaba suavemente-.
¡Amá, Son yo, Isabel!
La Nana reaccionaba.
-¡Chabelita! ¡Chabelita! ¿Eres tú? -mientras palpaba el rostro de mi madre-.
-¡Si amá! -contestaba sonriente, y acariciaba su mano-.
-Mira, aquí está el Coke.
-¿Quién?
-Mi hijo, el más chico.
Entonces yo me acercaba con cierto temor, tomaba su mano y le hablaba:
-Hola Nana.
-¿Cómo estás?
-Muy bien, saludándola.
Ella me tocaba el rostro.
-Estás muy grande, y muy guapo mijito… ¿En dónde está tu mamá?
Así era como yo entendía que era momento de retirarme a perder el tiempo con mis primos. Mi mamá se quedaba un tiempo hablando con ella, luego todo volvía a la normalidad supuesta. Después las palabras de mi Nana se convertían en tristes alaridos lanzados atrozmente por toda la casa.
“¡Tengo hambree!” “¡Chabelitaa!”
(Entre otros…)
Así pasaron años. Algunos parientes fallecieron sin poder contemplar siquiera la premisa del sepulcro de Ramona.
Rogelio. Mi tío abuelo (por ejemplo) que vivía a las afueras de Obregón, y quien por muchos años acompañó y asistió a mi abuela; trágicamente colgó los tenis antes que nuestra longeva madre.
Después de eso, la opción técnicamente más rentable, fue embarcarla hacia Nogales, donde sería puesta sutilmente en un cómodo asilo franciscano, repleto de monjas y fieles practicantes y voluntarios del lugar.
Así fue como -a mi corta edad- me ponía frente a frente con los relojes biológicos, todos conglomerados en algún sitio gris y sombrío, pintado con la fachada del feliz descanso.
Mi madre fue una ferviente asistente de mi nana. Acudía al asilo casi cada semana, y yo solía acompañarla. El lugar era bonito: una puerta enorme para mí en esos días. Paredes de ladrillo pintadas café, pasillos largos con ventanas amplias. Un jardín botánico atravesado por caminos conectores y una fuente coronando el centro del recinto.
Los viejos andaban por ahí; aquellos que por historias desfavorables, aun siendo útiles se les confinó al encierro; pero aquellos que corrían con peor suerte, sólo miraban el cielo por las ventanas. Los tristes que no podían mirar, se resumían a contar historias, a divagar constantemente o lograr lanzar un buen chiste. Otros sólo podían agonizar.
Ahí pasamos muchas tardes yo y mi mamá, andando de aquí y allá con la Nana, visitando el asilo y nadando entre los dulces y fríos cuerpos de la vejez.
Con el paso del tiempo, Ramona por fin decidió dejar a la muerte hacer su trabajo, y a sus más de 100 años, la guadaña tocó a su puerta.
Para ese entonces, no recuerdo sí mi mamá ya estaba enferma de cáncer, o algo similar propició el distanciamiento, pero del funeral no fuimos presentes, y en lo personal, vagamente informado.
Sin embargo, aún quedaba conmigo esa imagen de sus manos videntes, de su piel prensil y morena; de aquella voz que repetía y añoraba el nombre de mi madre, como después yo lo hice.
Querida Nana Ramona, estarás lejos, muy muy lejos en algún lugar del olvido, como todo aquello que muere.
Pero ahora me pregunto:
¿Estarás tocando el rostro de mi madre, donde sea que estén?

 

Jorge Luis del Villar Badillo
        Nogales – México

    
                                

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9    Octubre 2015
                                    Página 15-16

Metáfora Loca

 

 

  METÁFORA LOCA

He visto un poema que llora burbuja
y al niño delgado con ojos de aguja
los peces vuelan con sus alas rotas
el hombre que danza las tristes derrotas

Se despista la lluvia con sonar ignota
se rie un ave con rebosar de gaviota
el viento llora hasta morir de lamento
la sirena aparece a derretir el evento

El sol se aparece con olor a sonrisa
mirando una letra que en la tierra agonisa
las flores volaron del jardín de fortuna
el mar las consuela volando a la luna

La tierra es espejuelo de piedras celeste
Un hada besando el cordel del oeste
llevando una prenda a la nueva doncella
mariposas vuelan y ruge una estrella.

 

C. Siomara Henriquez de Goldman
       Morazán, Yoro – Honduras

    
                                

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9    Octubre 2015
                                    Página 14

Después de ese Día

 

 

DESPUÉS DE ESE DIA

 

Cambiaron la ubicación de las cosas
sabían demasiado de una música de tierra para el viaje enemigo
el aura del mar levantándose, dejando atrás nuestros terribles ejes
nuestra forma de mirarnos a los ojos, de mirar a las piedras.
Sabían demasiado bien como unirse, por eso recibieron el revés de las cosas
y se empezó gota por gota, nombre por nombre
mientras el mito se deshojaba a nuestros pies.
Sabían demasiado bien y no esperaron retratar a sus muertos
les bastó que el revés del mundo se levantara contra los árboles y las aguas
contra las cosas y las vidas,
contra cualquier herida que no tuviese un arrojo de estrella.
Lo sabían demasiado bien apareando a las sílfides contaminadas,
saldando algo con ellas
poniendo plumas quemadas dentro de las almohadas, reanudando las capturas
para que así llegaran y se ubicaran gota por gota, nombre por nombre
como antes cuando las cosas no limitaban con los hombres
sino que el tiempo limitaba con la piedra, limitaba con la luz
y piedra y sangre por igual buscaban legitimar el rayo
mientras la belleza ahuecaba los mares
y al final dios estaba esperándonos con un ramo de accidentes en las manos.

 

                   

Rodrigo S. Verdugo Pizarro
Santiago de Chile – Chile

    
                                

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9    Octubre 2015
                                    Página 13

Otra de cuervos

 

Otra de cuervos

Madre: Hijo, te enseñé todo lo que un cuervo debe saber, desde volar hasta no dejarse quitar el queso por una zorra. Sólo me falta hacer algo por ti.

Hijo: ¿Qué madre? ¿Qué falta?

Madre: Hacer caso de los avisos de Esopo y solucionarlos con los consejos del marqués de Sade.

Hijo: No entiendo.

Madre: A criar cuervos y sacarles los ojos. (Acto seguido, cegó a su hijo).

 

                   Armando  Escandón Muñoz
                         México D.F. – México

    
                                

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9    Octubre 2015
                                    Página 12

Porque Somos Complemento

 

PORQUE SOMOS COMPLEMENTO

Entonando los cantares
que en la vida van naciendo
como quisiera, no entiendo
notas también de pesares;
cuando elevo a los altares
el amor que nos tenemos
porque nosotros sabemos
que nos quisimos un mar
y debemos ultimar
querellas que hoy nos tenemos.

Si el pasado revivimos
verías el paraíso
en aquel segundo piso
que con amor construimos;
donde muy felices fuimos
y pasamos tantas cosas
las frías, otras hermosas
que ayudaron a crecer
pero ahora al parecer
olvidaste en las baldosas.

Espero recapacites
que abras los ojos un día
y abandones la osadía
cuando mas me necesites
resistiendo los envites
de la marea más alta
y veas que me haces falta
porque somos complemento
aunque para este momento
ya mi fuerza no resalta.

 

                 Luz Elena Salazar Martínez
                         Navojoa – México

                         

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9   Octubre 2015
                                   Página 11

Mi Ducha

 

Mi ducha

La primera vez que me duché con nuevos ojos, fue cuando me dí cuenta, que en ella podía escapar sin salir. Es un espacio de 80 por 170 cms. que bien podría causar claustrofobia pero para mí, es mi libertad instantánea.

Gradúo el agua a mi antojo y cuando estoy lista para salir, entro.

Me siento en el suelo y dejo que el agua me abrace. Pienso en olvidar y a veces río y lloro en silencio. Ese espacio es mío por un par de minutos, asi que me decido por disfrutar cuanto pueda.

Algunas veces me doy cuenta que he estado sentada por mucho tiempo, solo cuando mis dedos se miran deshidratados. En ese instante me doy cuenta que debo salir y que tristemente debo regresar a mi cárcel mental.

Imagino que el agua es la lluvia, que ahora no puedo disfrutar, ya que la real está contaminada por nosotros, entonces mi lluvia de la regadera, limpia y pura, como los inicios de la lluvia, me quita con dulces besos la contaminación del día anterior. Sonrío mientras me soba el rostro; le agradezco por su sinceridad y la respiro.

Es un sentimiento que había estado buscando y que con nuevos ojos, la encontré. Mi escapatoria de 80 por 170 cms. mi querida ducha.

 

                 Gina Barrios M.
Ciudad de Guatemala – Guatemala

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9   Octubre 2015
                                   Página 10

Somos

 

 

 

SOMOS

“Somos leña seca que se enciende sola
Y se quema siempre,
sin gastarse nunca”.

Cuando estamos solos
y nuestras miradas
se interceptan en un punto…,
tus labios y los míos se separan,
la sangre hierve entre las venas
y germina en las entrañas
el deseo de querernos,
de abrazarnos como nunca
hasta quebrantar los huesos.
Poco a poco la pasión arde incontrolable mente
con el fin de ser uno sólo,
y a la vez, distintos…

 

Juan C. Pavón Baldelomar
    Granada – Nicaragua

 

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9   Octubre 2015
                                   Página 9

El demonio en el espejo

 

El demonio en el espejo

 

Hace tiempo que te esperaba – decía aquel sujeto con una carcajada – mientras  tanto yo guardaba silencio. Luego replicó: no piensas decir nada, ¿crees que conmigo funcionará tu manipulación, tus mentiras? ¡Sé quién eres! A lo cual con gran irá grite: ¡Cállate!, ¿Porque insistes cada día; mañana, tarde y noche, en atormentarme?

Riéndose responde: ¿Cuál tormento hablas?, si solo te recuerdo quién eres… o ¿eso te duele? Tu silencio dice mucho… ¿No vas a intentar engañarme o al menos persuadirme?, como lo haces con todos, usándolos a tu antojo y a tu favor; mintiéndoles en sus caras, teniendo la hipocresía de reír y llorar con ellos como si nada. ¿Acaso no es un poco de justicia el tormento del que tanto te quejaste al principio? Además es muy divertido para mí. – lo decía mientras reía. Sin poder aguantar más, antes de que siguiera, volví a gritarle con desespero: ¡Por qué no te callas!, ¡Cállate!, trágate tus palabras y cuestionamientos, es infamia lo que dices…

Me interrumpió con una carcajada: Si es así mírame fijamente y sostenlo ante mí, a ver si puedes creerte tus mentiras. ¡Cállate mejor!, es momento que tomes la decisión que tanto evades, deberías escuchar un poco a tu conciencia – suelta una risilla. Claro, si es que la tienes, antes de que siguiera, le grité: ¡Maldito sofista! ¡Que te calles!

Y cegado por el odio, lo agarré con mis manos y lo golpeé hasta tenerlas ensangrentadas, y contemplé con gran placer el silencio que ahora se encontraba en la habitación, pues estaba rodeada por miles de pedazos que hacían parte de él…

 

                 Daniel A. Contreras Castro
                   Villavicencio – Colombia

             

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9   Octubre 2015
                                   Página 8

Soledades

 

SOLEDADES

Hay tanta soledad en un abrazo
como espacios vacíos entre dos pupilas,
cínicos dedos entrelazados
carentes de afecto
insensiblemente neutros
viajan por cuerpos en armisticio
irreales, inmateriales
conversando entre
frías tazas de café

Así cruzan parejas por la acera
los veo mirar el mar
desde sus arrecifes
sin cobijas bajo la lluvia
envueltos en sus desencuentros
mudos
sin tacto
amargados
perdidos en su propia esfera

Desoladas almas
deambulan por los parques
arrastrando sus pesares
en las plantas de sus pies
pasan y engullo
un sentimiento de culpa
por todas las soledades
de este mundo.

                           

                 David Pérez Núñez
Sto. Domingo, República Dominicana

             

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9   Octubre 2015
                                   Página 7

Una Carta desde el Más Allá

 

“Una carta desde el más allá”

Introducción:

       Seguramente todos hemos cantado alguna vez los temas de “La Oreja de Van Gogh”, popular banda española encabezada en un principio por Amaia Montero, quien en el 2008 fue sustituida por Leire Martínez como vocalista oficial. Sin embargo, poco conocía yo sobre ese tal Van Gogh. No fue sino hasta un día de esos, en los que las ganas de descubrir nuevas historias se apoderan de uno, que finalmente me encontré con la vida de este hombre. Vincent Van Gogh fue un pintor holandés de las décadas finales del siglo XIX, que se caracterizó por un estilo original y sentó sus propias bases sobre el arte de la pintura dentro del marco del impresionismo moderno. A medida que fui conociendo su obra, me fui enamorando de lo que fue la vida privada de este hombre, la cual ha llegado a nosotros a través de libros de historia y numerosas cartas escritas por él, dirigidas mayormente a su hermano menor Théo, con quien tenía una relación algo complicada, pudiendo ser perfectamente analizada desde los ojos de la psicología.

       Vincent, al igual que muchos otros pintores, tuvo una vida muy dura. Luchó por años con la pobreza, la soledad y la depresión. Tan trágico fue su paso por este mundo que terminó quitándose la vida a los 37 años. Sería imprudente de mi parte abundar en los hechos que precedieron y sucedieron a ese lamentable suicidio. Lo que sí puedo adelantar es que, como verán a continuación, la mente de Van Gogh confrontaba una serie de conflictos emocionales, partiendo de la pésima relación con su padre, un pastor protestante, y llegando hasta sus fuertes desilusiones amorosas. Espero que el presente escrito les anime a investigar a fondo la vida de este hombre. Recomiendo el trabajo de Eduardo Posada Orihuela titulado “La vida amorosa de Vincent Van Gogh” y el libro Vincent Van Gogh: Últimas cartas desde la locura, que reúne las cartas que el pintor le escribió a su hermano en sus últimos años de vida. En fin, ¡qué les sirva, qué les bendiga, qué les inspire! ¡Y que Van Gogh se encuentre descansando al fin!

3 de mayo de 2015

Mi querido Théo:

       Después de tantos años, he decidido escribirte esta carta, pero esta vez no te escribo desde Francia o Bélgica, ni de ninguno de los otros lugares en los que anduve errante, sino desde el más allá. Sí, desde el más allá. No, no sé si se trata del paraíso, del purgatorio o del limbo. Lo que sí sé es que no se trata del infierno. Sí, ya sé que los suicidas van al infierno, o al menos eso enseñaron los predicadores más conservadores del evangelio en nuestra época. Pero, ¿quién podría comprender los misterios de Dios? Ciertamente la teología es una ciencia, por lo cual es incierta como todas las demás. Claro, no pretendo afirmar que me encuentro en la presencia de Dios, pues muchos pecados cometí. Lo sé. Pero estoy aquí, en un lugar mejor. No sé dónde estás tú. A pesar de que te enterraron a mi lado en el pequeño cementerio de Auyers, todo parece indicar que nuestras almas tomaron caminos distintos. Espero que te encuentres en un lugar tan hermoso como este. Ambos sufrimos. Pero afortunadamente alguien, no sé si Dios, se compadeció de mí y me ha permitido habitar en un lugar, que aunque no sé si se trata del paraíso, ciertamente reúne todas las características del mismo. La única diferencia es que aquí no están los mejores cristianos. No, aquí no están aquellos que vivieron un camino de rectitud, casi libre de pecado. Ciertamente aquí solamente hay almas pecadoras. No, definitivamente no es el paraíso. No puedo pretender vivir en un lugar tan santo como el paraíso, siempre destinado a hombres y mujeres de moral intachable. Y yo, ¿quién fui? Un hombre pecador, un hijo desobediente, una vergüenza para la prédica mundial del evangelio. El paraíso es el Salón de la Fama, allí se encuentran los Héroes de la Fe. Y no hablo solamente de personajes bíblicos. Hablo también de nuestro padre. Sin duda alguna, él está allí. No, no emitas objeción alguna. ¿De qué serviría cuestionar a estas alturas? Honrar a nuestros padres ha sido y será siempre el primer mandamiento con promesa. Yo quebranté ese mandamiento. No sé qué opines tú al respecto. Tampoco me interesa saberlo. A estas alturas, ¿para qué cuestionar las acciones de nuestro padre? ¿Para qué pensar si fuimos buenos hijos o no? Buen hijo no fui. Dejémoslo así.

Lo importante es que estoy en un lugar mejor. Tranquilo, no te escribo para pedirte dinero. No te voy a decir que necesito tales o cuales materiales para mis pinturas. Ya no necesito dinero. ¿Para qué sirve el dinero después de la muerte? Para nada. Te escribo solamente para que sepas que estoy bien. Te preguntarás que por qué ahora. Lo sé. Verás, he sido tan feliz durante todos estos años, que pensé que tú también lo serías. Cómo iba yo a interrumpir tu felicidad. Ya bastantes dolores de cabeza te di en vida. Fui una carga para ti. También lo sé. Pero jamás podría reprocharte nada. Fuiste el mejor de los hermanos. Fuiste mucho más que un hermano. Claro, nuestros secretos jamás serán revelados. Que los mortales se conformen con una historia incierta llena de contradicciones. Aún si se extraviara esta carta, quien la encuentre no encontrará nada. Nada de lo que esas mentes morbosas quisieran saber. Nuestros secretos son nuestros y de nadie más.

       El punto es, que, después de tanto tiempo, comencé a sentirme intrigado. Comencé a pensar dónde estarías tú. Comencé a pensar a dónde habías ido a parar después de la muerte. Sí, supe lo de tu muerte. En este lugar hay mensajeros. Algunos están asignados para dar malas noticias y otros para dar las buenas. Los que dan las malas visten de negro y los que dan las buenas visten de blanco. Vino un mensajero vestido de blanco a darme la noticia de tu muerte. Una buena noticia, sin duda, pues quién querría seguir viviendo en un mundo tan enfermo, donde esa enfermedad se riega por todas partes. Es como un cáncer inextirpable. Creo que la verdadera vida empieza con la muerte. En eso concuerdo con Pablo, a quien no he visto por aquí, otra de prueba de que este no es el paraíso. Pablo decía en la carta a los filipenses que el morir es ganancia. A estas alturas iniciar un debate teológico sería absurdo. Vamos, la verdad es que no sé qué es exactamente lo que Pablo quiso decir. Mi experiencia ha sido esta. La muerte ha sido ganancia para mí. Espero que para ti también.

Y de pronto se me ocurrió escribirte. Una carta más. Cuántas te escribí… perdí la cuenta. Pero ahí te va. Te escribo una más. Una más para nuestra increíble historia. Permíteme pedirte perdón. No sé si querías seguir viviendo, aunque lo dudo, pero de todos modos debo pedirte perdón. Siento que abusé de ti. Usé mi condición de hermano mayor para darte órdenes. Pero qué irónico, tú siendo el menor me sostenías. Me sostenías moral y económicamente. Perdóname. Arruiné tu vida y nadie arruinó la mía. En todo caso, el culpable de mi desgracia siempre fui yo. O tal vez a todos los pintores melancólicos nos esperaba el mismo destino fatal. Por cierto, no he visto a ninguno de esos por aquí. No, no me encuentro solo. Hay personas de todas las épocas, es decir, desde antes hasta después de mi. Los personajes más influyentes en la cultura popular están aquí. Me acompaña Ana Jacinta de Sao José, esa hermosa brasilera que conocieron como Doña Beija. También anda por aquí el pintor de la época renacentista, Miguel Ángel. Otro que he visto es un tal Frank Sinatra, dice que fue un cantante y actor muy influyente en el siglo XX. ¿Por qué ellos? No lo sé. Tampoco sé por qué yo. Solo sé que estoy aquí. Eso es lo único que importa.

       Sí, todavía pinto. Pero lo hago de modo ocasional. Este lugar es el mejor de los paisajes. No te daré descripciones. No puedo, pues no tengo las palabras para hacerlo. Mi arte se queda corta al lado de las manos del gran artista que diseñó este lugar. No, no es utópico. Aquí se ve de todo. No todos parecen ser felices aquí. Algunos quisieran regresar a la vida para ajustar una que otra cuenta del pasado. Otros quisieran regresar a la tierra reencarnados en una nueva persona. ¡Qué estupidez! Yo prefiero quedarme aquí. Yo ya pagué mi cuota. El verdadero infierno empieza con vivir. Yo no sé si estoy viviendo, solo sé que no estoy sufriendo y eso es lo único que importa. Otros aman ese infierno llamado tierra, o mundo, o vida. No lo sé. Pero es un infierno al cual no quiero regresar. Me quedo aquí. Con mi mejor amiga, la soledad, la que viene cuando todos se van. Le he tomado cariño después de todo. Allá tenía un conflicto con ella. Aquí nos llevamos bien. Sé que mis cuadros se vendieron muy bien después de mi muerte. ¡Qué ironía! Estando muerto es que se obtiene lo tan anhelado en vida. Aunque siempre puse una u otra excusa para no vender mis cuadros. Pero eso ya no importa. Ya no soy aquel pintor. Mi vida ya no es la pintura. Mi vida es este lugar. Estoy aquí y eso es lo único que importa.

       En fin, querido hermano, espero que estés bien. Déjame saber de ti tan pronto puedas. Quizá algún día puedas viajar hasta acá para saludarme personalmente. Tenemos mucho de qué hablar.

Tuyo siempre, Vincent.

 

  Kenny L. Díaz Ortiz
Carolina – Puerto Rico

                               

Revista Dúnamis   Año 9   Número 9    Octubre 2015
                                  Páginas 3-6