La Suicida

 

La Suicida

Y por un minuto apartó la vista de su brazo fragmentado para entender  que  mejor era el placer de comprender el brillo de sus ojos, que dejaban ver en su reflejo a esa chica que frente a los problemas, utilizaba como mejor anestesia,  una situación de auto extinción. En otros casos cualquier objeto punzante que satisficiera su necesidad por calmar todas esas voces que a gritos rogaban no la abandones cuando aun sigues presente. O tal vez tu mente confusa solo buscaba separarte de la realidad, buscaba distraerte de ese punto en donde el alcohol perdió su efecto, en el que el humo de los cigarrillos no llegaba a ahogar el aire de tu respiración, al igual que el gas del grifo de la cocina, en el mundo en donde de las pastillas siempre despertabas y como las sogas no te gustaban, optabas por elegir el objeto de filo a menor distancia…
Tijera, gillette, cuchillos de todos los tipos, alambre vidrio, clavos, todo al alcance de tu mano y en la comodidad de tu “hogar” Fuera de él, el sacapuntas era un objeto imprescindible en tu rutina necesaria de generar esos cortes, condicionada a hundirte el filo en la piel y ver circular la sangre en gotas hasta el suelo, teniendo al silencio como único testigo, apreciabas entre lágrimas esa sonrisa delineada en tu cara.
Solo por un instante, en el que sus miradas se cruzaron comprendiste que el alivio de tus angustias podía basarse en algo más que en flagelaciones.

Sin culpa elegantemente se presentaba. Maniático, desequilibrado, y manipulador, inclemente despiadado tan frío como hielo, pero no puede negarse a estos sentimientos.
Quizá el necesitaba de esa niña, alguien desatendida, en busca de cariño que a gritos disimulados pedía un poco de cuidado.
Persistentemente, tratando de hallar su bienestar.
Hace falta una sonrisa burlona para sacarlo de lugar.

A pesar de su oscuro pasado tú decides confiar en él ya que no tienes nada que perder.

Al escuchar su voz, pudo notar como sus males se adormecían poco a poco. Cada tarde de charlas inconexas, sentir su respiración, su corazón latiendo, sus dulces manos envolviéndote y esos ojos que solo dejan de mirarse con los tuyos para rogar en susurros ese beso desesperado.
Tú y yo sabemos más que nadie sobre todo esto y nuestra historia. Dos personas opuestas ligadas por un gran pasado incomprendido. Él la guía en el camino y ella le cuida los pasos. Capaz ninguno es lo que cree ser, y todo son falsas ilusiones.

Tal vez no sea necesidad, ni comodidad, solo felicidad, al poder compartir el tiempo con alguien que te entienda de verdad.

 

                      Florencia De Vita Araujo
                San Miguel, Bs. As. – Argentina

 

                     

Revista Dúnamis   Año 9   Número 7    Agosto 2015
                                    Páginas 13-14

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