Escapistas de Pro

 

ESCAPISTAS DE PRO

 

            Todavía me pitan los oídos. Hace más de media hora que Dj Manolo, disc-jockey residente del Nucle, ha dado por concluida la sesión entre sonoros aplausos de satisfacción, lágrimas de keta y algún que otro tronao puesto de M gritando «¡Torero!». Algo pedo, invierto estos minutos de calma en inventarme la lista de la botellería, una delicada empresa tras la visita de Laia y su animal de compañía. ¡Han arrasado el bar! Mientras liquido esta quiniela de verdadero o falso, al otro lado de la barra la Jordi coquetea abiertamente con el chico que nos trae las cajas de Fanta. A mí esta noche me suena todo a despedidas y a medias verdades, no sé… Sinceramente, no me lo creo.

            O sea… que no parece costarnos mucho alejarnos de las personas a las que, de una forma u otra, hemos amado. Vaya, parece mentira pero todo queda en el aire, mira.

            Me verás haciendo preguntas metafísicas a mi propia persona con el brillo de labios bien perfilado… Tómame en serio, ¿quieres?

Antes, con Laia no surgían estas dudas. Siempre podíamos amanecer en el Estudiantil café, compartiendo chismes abrazadas a un latte espumoso o, si nos encontrábamos achispadas por culpa de la coca, acabar la noche trazando planes de revuelta juvenil con pintalabios rojo en los espejos del W, el Pink o cualquier after que estuviera abierto a esas horas. La canción sonaba en todo momento, no dejaba de girar, hasta en el drugstore de turno, donde casi siempre terminábamos piradas perdidas, haciendo proposiciones deshonestas al panoli de la caja para conseguir licor de almendras a las tantas de la mañana. Las noches no tenían fin, se estiraban más allá del último hype de temporada, más allá de la maleta del disc-jockey favorito de tu hermana pequeña. Además, como éramos el referente malqueda oficial del reino indie, la gente respondía dando bola a nuestros delirios. De todas formas, no nos quedábamos nunca lo suficiente como para disculparnos por algo que, seguramente, cometimos sin darnos cuenta. Escapistas profesionales y eso. Eran buenos tiempos mira, muy lejos de la distancia irreconciliable que tenemos hoy. Que fuerte, estoy aquí llorando y enterrando el pasado en el mismo lugar en el que comenzó todo, ¡la barra central! Cuando vine mi primera noche, hecha un cuadro con calentadores y medias de rejilla (por aquel tiempo no leía el Vogue, vale) fue Laia quien me instruyó, ¿sabes? Ahora se ha ido y yo brindo por eso, con lágrimas en los ojos.
Acabo por resignarme, pues todo indica que terminaré la noche poniendo un clásico de The Cure en el estéreo y haciéndome un dedo. Por regla general, es lo que suelo poner cuando me masturbo, la voz de Robert Smith tiene eso, ¿sabes? Aunque, últimamente, no sé… también llego escuchando a los gatos del callejón. A fin de cuentas, montárselo una misma no está tan mal, o sea, te evita el agobio de llevarte algún colgado a casa. Todavía recuerdo a un capullo con el que pasé la noche una vez, al que, después de negarme a que me metiera un dedo en el culo (¡Tíos! Se creen que todas somos porno stars, ¿sabes? Si quieren una, que la paguen) me dijo:
—Estas demasiado delgada.
Me adelanté a corregir sus malas intenciones, diciéndole que lo que estaba era fibrada, debido a mi afición desmesurada al pilates. Y el tío, ni corto ni perezoso, con una sonrisa maliciosa cosida a la cara, del palo perdona vidas, me suelta:
—Tú misma.
Todavía no entiendo por qué no me hago bollo, mira.
Salgo del Nucle y me alejo por la calle dibujando caras felices en los cristales bañados por la humedad. Enciendo un piti viendo como la Jordi se aleja en la scooter del recoge vasos nuevo.
Un taxista se detiene frente al árbol sin ramas que es mi sombra, subo y el conductor, un gordito chistoso que escucha Radio Olé y al que no le importa que fume, me pregunta:
—¿Adónde, guapa?
Le hago una mueca antes de decidirme a contestar.

 

          Sergi la Nuit
(Sergio Rodríguez López)
    Barcelona – España

Fragmento de la novela “Esperando Nacer” disponible en:
http://www.luhueditorial.com/libreria/esperando-nacer_144/

 

Revista Dúnamis   Año 9   Número 6    Julio 2015
                                    Páginas 10-11

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