Exequias

 

EXEQUIAS

(4-7-11)
El hijo de mi madre ha muerto.
No se escucha un solo gemir.
El hijo de mi madre ha muerto.
No hay nadie que sea infeliz.
El hijo de mi madre ha muerto.
Nadie lo ha visto partir.
 
Es algo nunca antes visto el frenesí del danzante. Cántico que sus labios rocían, no se ha oído jamás. Es un júbilo que traspasa la imaginación y los mundos. Perplejidad y estupor del luto; la ira del lamento y la aflicción. ¿Quién es este demente, capaz de desafíar todo entendimiento en este páramo? ¿Qué es este poder, ese ímpetu, que lo mueve en pasos desaforados que nadie puede interpretar?
 
El hijo de mi madre ha muerto.
Se ha ido tan repentino.
Quitado fue de entre su casa.
¡Nadie lo vio al partir!
 
Bate así los brazos alzados, rascando los cielos todos. Sus pies repican sobre tierra sellada. Liberta su voz un grito desaforado, un nombre no conocido. Ha tornádose un espectáculo. ¡Celebración! Se ha levantado un ambiente de fiesta. Se ha derramado un torrente de risa. No encuentra lugar la inhibición. ¡El carcajeo gobierna el aire!
 
El hijo de mi madre ha muerto
alguien más ha bajado
a llenar sobre la cárcava
la más extrema ovación.
 
Fuerte luz sobremanera. Irrumpe el compás de los tambores. ¡Gloria ignota es! Surca el parecido entrambos; ¡iguales en desenfreno y locura! Es aun más asombrosa la presencia de este otro. Arden sus ojos con la llenura de la satisfacción, largo fue su anhelo ¡e implacable su persecución! Tanto se parecen el uno al otro, ¡es idéntico su danzar! Paso a paso fluyen en un mismo festejo. Tanto se han sumido en luz y estridencia; son como uno solo. No se sabe más quién es quién. Debe ser uno del otro el reflejo, como si hubiese aquí, ¡un espejo sobrenatural!
 
El hijo de mi madre ha muerto
su funeral no es sino
regocijo celestial.
 
Han desatado una fragancia impertérrita. En vueltas y saltos han proclamado una pasión. El alboroto de su baile ha establecido un dominio. El aroma de su corazones uno mismo es. Empiezan a reconocer y someterse los espectadores. Ya nada resulta irracional. El amor que los estrecha hasta fundirlos, manifiesto se ha hecho ya, como una enseña en el crepúsculo. No existe modo en que este pueda, dejar de ser reverenciado. Tangible se ha hecho su realidad, ¡pesa sobre esta tierra que los ve amarse! Va avanzando, va cubriendo, ¡todo en derredor!
 
El hijo de mi madre ha muerto.
Sobre mi tumba un reino ha nacido,
no existe paz mayor
que la de mi descanso.
 

 

Emanuel Silva Bringas

 

 

Revista Dúnamis   Año 5   Número 5    Octubre 2011
                                Página 22-23

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