Providencia

 

Providencia
 

 

                                                        Mi corazón dentro de mí se funde como cera
Y mi paladar está seco como una teja de arcilla.
Salmo 22

 

Dame más de lo que esconden esas llamas
que arden todo el tiempo
y no dejan de asustar
al más fiel de los creyentes.
Ya no puedo alejarme de su hibridez, su
falta de materia no me refleja sin temores.
-Cerca de mí- un mulato sopla
sus manos con aliento,
mas nada cálido yace en su boca:
todo está frío, la laringe agonizante,
sólo el hálito lánguido y la lengua seca.
-En mí- la impotencia perturba la memoria
ignoro la moneda perdida al piso
ignoro su persistencia
y su condena a la arcilla
Ignoro su persistencia
en su eco inerte
resonando eterno en los oídos
y quemando el vacío insoportable.
Todo lo somos -nosotros, ungidos en barro-
contraídos de locura al mundo
sin llamadas para los desheredados
Tú, que traes comidas sobre la bestia,
no hay caminos que griten tan
desesperadamente como los que pisas,
ni Dios más pobre que el que edificó la piedra.
Ése, me perfora el vientre y el paladar.
Deja de mostrarnos
tus gestos sin medida, cínico, hipócrita
ya no arderé más tiempo en este lugar
ya no estaré más tiempo con vosotros
Huiré al infierno que nos espera
para verme rostro y cara,
cara y poco rostro
todas inacabadas
todas aullarán en el exilio que Yavé
nos obliga a emprender.
Esperaré hasta que todo tiempo termine
y mi condena se haga carne de mi carne.
hasta que mi sangre
culmine de forjar mi estirpe
en el dolor. Selah.

 

  Fernando Montalvo

 

Revista Dúnamis   Año 1   Número 2    Julio 2007
                                         Páginas 4-5

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